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EL TEMAMACARRONES RELLENOS DE CARRILLERAS, LA RECETA DE LA XARXA, Y EL VINO FINCA GARBET DE PERELADA. POR MIQUEL SEN

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Galicia y sus vinos: un libro infinito [ Ir a LOS TEMAS ] [ Volver ]
 

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A los que no nos gusta la idea de la reencarnación, porque nos da terror que no vaya más allá de un cambio de oficina, solo se nos puede objetar que para conocer Galicia y sus paisajes hechos vino, se necesitarían varias vidas. De momento, con la única que tengo, me aproximo a esta realidad con mucho tiento. No es una postura humilde, si no de puro sentido común de este autor, que hasta este año no había descubierto el museo dedicado a Eugenio Granell en Santiago de Compostela. Así pues, el texto que sigue es todo menos una lección magistral.

Me he aproximado a los vinos gallegos a través de aquellos que se pueden comprar fácilmente, tan económicos como el Marqués de Vizhoja, de amplia distribución,  el Abadía da Cova o el Gran  Campiño de la bodega ourensana Alanis. Siempre dentro de una gama de precios discretos, mi primera anotación favorable se la he dado a un vino de la variedad godello, el Valdesil. Una bodega situada en Valdeorras, es decir la Galicia que mira el Bierzo, que sabe perfilar sus vinos manteniendo unas notas minerales que son de mi gusto. Si apreciamos la acidez, aquí encontramos este perfil. He podido catar la añada 2011, que creo tiene vida en los próximos 2 años,  a pesar de que dos botellas de añadas anteriores que compré en una antigua tienda habían perdido las notas herbáceas, los aromas a flores secas que definen este vino. No creo que la bodega sea responsable, dado que en muchos puestos de venta la conservación de los vinos es muy deficiente.


Estupendo, luce una medalla invisible firmada Miquel Sen, el ribeiro Pazo Casanova 2011, los once euros que menos me han pesado gastar. Los ribeiros blancos, cuando son buenos, son muy buenos y este coupage de treixadura más el aporte de godello, albariño y loureira resulta de agradable acidez buen paso en boca y aromas sin trampas ni excesos. Lo apunto como un vino de referencia.


Sigue gustándome Condes de Albarei, una referencia inapelable cuando se duda frente a una amplia carta de blancos gallegos, aunque este año he dedicado muchos más tragos a La Val, otro albariño que luce en su etiqueta el premio Bacchus de Oro 2012. Es fácil de beber, con aromas suaves, calidos, melosos, más una punta de carbónico que le da una chispa agradable, propicia al trago largo. Es evidente que es un vino cómodo, pero tampoco veo ninguna razón para que un blanco necesite previamente a su cata una serie de ejercicios intelectuales masoquistas. El vino es placer, una palabra que esta desapareciendo del léxico  vinícola, ahora que todo es poesía. Unas y otras palabras las he encontrado en Terras Gauda 2011, un blanco de O Rosal, del que confieso haber bebido mucho. Situado en el segmento de los 14 euros, coupage típico de la zona a base de albariño, caiño y loureiro, tiene un paso en boca persistente, una suma de pomelo y melocotón que me gusta. Además no falla y en principio esta por encima de otros vinos de la zona, por lo menos en esta añada. Como el director de la bodega, el señor José María Fonseca anuncia la aparición de un vino de caiño blanco, espero con interés poder catarlo, bajo la etiqueta La Mar.


Otras dos botellas a destacar tienen orígenes distintos. Uno es un Monterrei de nombre Quinta das Tapias 2011. Buenas virtudes de las variedades godello y treixadura, voluminoso en boca y poco abultado en la cartera, ya que vale unos 9 euros. La otra joya es un Valdeorras de Rafael Palacios, As Sortes,  un godello plantado sobre los 600 metros de altitud. Tiene el perfil acerado que me gusta en estos blancos. Lo he hecho coincidir con ostras y mejillones y no me importaría nada repetir la jugada. Siguiendo las pautas de la variedad godello, es decir buceando en la D.O Valdeorras, probé en el restaurante As Garzas un blanco excepcionalmente elegante, etiquetado A Coroa, complejo, intenso, proporcionado entre fruta madura y notas florales, más un penúltimo fondo de hinojo, de esos que permanecen, lejanos al olvido.


Si la memoria es una capacidad que amplia el buen consumo del vino, doy última referencia de otro godello. Esta vez de la Ribeira Sacra, un 2011 que probé por azar en un restaurante de Laxe. Me apunté el nombre: As Glorias. No debe ser caro, porque en la carta marcaba 12 euros. Bebiéndolo me acordé de los consejos de mi amigo el escritor gallego ya desaparecido Xavier Costa, al que debo tanto, desde un prisma galaico. Siempre decía que los vinos de su tierra, la subzona de Chantada, tenían una especial calidad aromática, dado que en la zona el calor de agosto no es tan feroz como en otras tierras situadas en las laderas del Sil y del Miño. Bebiendo este As Glorias le di, una vez más, la razón en la gloria.

Queda para otra ocasión los vinos tintos gallegos. Es otra página de difícil lectura del libro de las infinitas vidas, que hay que leer atentamente para entender esta tierra.

Miquel Sen

Septiembre 2012