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EL TEMAMACARRONES RELLENOS DE CARRILLERAS, LA RECETA DE LA XARXA, Y EL VINO FINCA GARBET DE PERELADA. POR MIQUEL SEN

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Oído cocina: Marchando una de fraudes! [ Ir a LOS TEMAS ] [ Volver ]
 

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Tras el salmón de granja, le ha tocado el turno al caballo como sujeto de prácticas fraudulentas. Es una historia que tiene un arranque de cine negro, cuando un inspector sanitario del condado de Newry, en Irlanda del Norte, constata el 17 de septiembre de 2012, un problema de etiquetaje en un stock  de carne congelada. La carne proviene de una empresa de la Republica de Irlanda, Mc.Adams que está vendiendo carne de caballo como su fuera buey. Unos meses más tarde las autoridades sanitarias anuncian que los supermercados Tesco, Icelan y Lidl estan vendiendo caballo procedente de Polonia en un tanto por ciento que llega hasta el 29% en las hamburguesas de vacuno.

Ante la alarma, o más exactamente, frente a los nuevos controles, aparece otra línea de corrupción financiero-alimentaria. La empresa francesa Comigel alerta a Findus: algunas partidas sus lasañas están elaboradas  hasta en un 100%  con carne de caballo. La investigación se complica porque detrás de la empresa elaboradora figura Spanghero, que ha vendido y cambiado el etiquetaje de una carne que ha sido comprada en Rumania por Draap Trading Ltd, una empresa chipriota con frigoríficos en Holanda y cuantas corrientes y empresa manipuladora  en Luxemburgo. Otra vuelta a la tuerca: Spanghero forma parte del grupo francés Lur Berri, propietario también de Alfesca, que alberga marcas como Labeyrie y Delpierre. En conjunto unos 6000 asalariados que elaboran desde maquinas para gavar patos pasando por blinis y precocinados a base de salmón. Solo en Spanghero se detectaron, según la agencia francesa antifraude, 750 toneladas de carne de buey que no lo era, de las que 550 toneladas se vendieron a Tavola, que a su vez cocinó 4,5 millones de raciones. Al resto de la carne se le ha perdido la pista.

El aspecto económico y  moral del problema

Como sabemos, la carne de caballo y la de potro son saludables y sabrosas. Los ganaderos de La Cerdanya han conseguido un nivel muy alto cuidando unos potros que viven en libertad entre los pastos de altura. Sus entrecotes están en muchas carnecerías, a un precio próximo al de vacuno de primera. Suelo comprarlo en Barcelona en el mercado de Santa Eulalia y consigo unos rosbif notables. Como existen muchas personas que no tienen tabú ante la carne de  caballo, vale la pena recordar que esta proteína forma parte del paisaje gastronómico del norte de Francia. En Lille existe una famosa carnecería especializada en la carne de caballo “pré salé”. Provienen de Irlanda, dónde comen la hierba humedecida por la brisa marina, al igual que lo hacen los corderos que en Francia han dado origen al concepto “pré sale”. En este establecimiento elaboran con esta carne un embutido curado que recuerdo con satisfacción.


Es decir, el problema no está en el caballo, si no en dar caballo por liebre, a partir de equinos de ínfima calidad, un último problema que nos lleva directamente a Rumania. En este país se ha prohibido la circulación por las carretera de carros tirados por caballos, al tiempo que se ha incentivado la compra de maquinaria agrícola. Como resultado los traficantes sin escrúpulos disponen de carne baratísima, muchas veces procedentes de animales atiborrados de antibióticos y analgésicos en cantidades no aptas para el consumo humano. Pero el precio, el margen, el beneficio, dirige nuestra vida y nuestra despensa. Nadie se pregunta como puede ser que un plato de espaguetis a la boloñesa cueste en los supermercados Tesco 1,20 euros la bolsa de 450gr. Como dice Erica Sheward, profesora de la Universidad de Greenwich “ ¿como pueden creer los consumidores que compran hamburguesas a 29 peniques (33 céntimos) que son de carne de buey?”


Enviar un caballo al incinerador cuesta dinero, en cambio hacer carne de él da unos buenos euros. Así se explica uno de los grandes fraudes de una historia de fraudes que comenzó con las vacas locas y que tiene pinta de no acabar, todo ello bajo los ojos cerrados de las distintas Comisiones Europeas, que han entregado la maquina de etiquetar, la trazabilidad, a la industria agroalimentaria, algo tan peligroso como regalar a un mico una navaja. Un obsequio que acabaremos pagando caro. No obstante no va a ser la parte del león de nuestros gastos, dado que ya se ha vuelto a aceptar el pienso animal para los animales. Las truchas volverán al régimen de la proteína roja mientras que algunos científicos poco escrupulosos y determinados cocineretes pagados por la agroalimentación las bendicen y cocinan “como en casa” al tiempo que juran que en el tiempo de vida de una trucha no pueden formarse los priones causantes de las encefalopatías espongiformes transmisibles que volvieron locas a las vacas.

Mientras escribo estas líneas Nestlé España retira del mercado unas pastas rellenas de carne de caballo, en Canarias descubren un camión cargado de hamburguesas tramposas  y en Galicia, en Barbanza, desmantelan una red que introducía  vieiras tóxicas en el mercado. Si no se establece un criterio científico y moral, potenciado por una información rigurosa, estricta, dada por periodistas que vivan al margen del reparto de dividendos, acabaremos oyendo la frase que encabeza este artículo.

Miquel Sen