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Entre la mona y la Munda [ Ir a EDITORIAL ] [ Volver ]
 

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La antigua tradición rural de regalar huevos por Pascua, es el origen de un alarde de imaginación colorista de los pasteleros de Barcelona, fundamentada en el chocolate.

Los gastrónomos sabios mantienen la teoría de que la  puntual aparición de las monas de Pascua es cosa de los romanos, porque la Munda era la cesta decorada con frutas y pasteles que era obligado ofrecer a la diosa Ceres por primavera. Dentro de este grupo, existe una corriente disidente, convencida de que mona viene de la palabra árabe muna. En conjunto son afirmaciones que quedan muy bien en cualquier tablao culinario, pero de escasa trascendencia, aparte de épater a los foodies.
Personalmente me quedo con las versiones más imaginativas, aquellas que sitúan el origen de estos pasteles en la desaparecida confitería Massana, lugar de éxtasis para los niños que contemplaban monas de peluche coronando los pasteles. Algunos cronistas afirman que este establecimiento llegó a lucir un mico vivo.  Esta versión del dulce como espectáculo me ha afectado sentimentalmente. Como tenía un padrino bilbaíno, me quedaba sin monas. Mi única e infantil solución era salivar frente a las de  Prats Fatjó, máximo objeto de deseo de la cultura del chocolate, versión años 60. La montaña de Montserrat, con su tren eléctrico incluido, era para un padrino con mucho tronío en la cartera, tipo Juan Antonio Samaranch.


Ahora que los niños marcan clase según el tamaño del móvil, el regalo de la monada no tiene tanto impacto, aunque la elección entre tantas maravillas no sea nada fácil. Como Barcelona es la ciudad dónde el chocolate y sus técnicas están en continua evolución, podemos admirar los “emotipollos” que  se ha inventado  Christian Escribà, unos pollitos que imitan los movimientos de los emojis que tenemos en los móviles. Son los sucesores en el escaparate del gusto del el robot BB-8 de Star Wars, también del genial Christian Escribà. El diseño fino de Oriol Balaguer, nos hace disfrutar de la colección de Huevos de Pascua 2017. En todas las tiendas de Oriol Balaguer esperan diversidad de personajes, formas singulares y clásicos conceptuales como los huevos. Huevos de Pascua  que se trasmutan en plumas arco iris, obra de Enric Rovira. Comerse a trocitos la Casa Batlló es una ilusión compatible con las monas de la conocida pastelería Baixas, dónde este año triunfan las figuras de moda, Peppa Pig  y los dos héroes de La bella y la Bestia.


Albert Badía Roca, ganador del mejor croissant de mantequilla de España de este año, arrasa con un oso panda dulce en todos los sentidos, al tiempo que marca saber chocolatero con una pieza única: La torre Eiffel, 10kg de chocolate, trabajados con un rigor total. Si volvemos a las bestias que gustan a los pequeños, Hoffman se marca un tanto con un Snoopy en posición de pensativo descanso y una gallina presumida, de lo más presumida, resumen de un catalogo bichos que ponen la tradición de la mona al día.

Miquel Sen  
13 de abril 2017