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¿Y SI NI EL PAVO DE THANKSGIVING FUERA ORIGINAL?
Por Víctor Llacuna
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Víctor Llacuna: Víctor Llacuna: Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona. Miembro de la sociedad Culinary Historians of Boston. Ha sido colaborador de Catalunya Universitaria, Regió7, Popular 1 y Diari de Tarragona. Es Máster en Educación por la Universidad de Barcelona y Máster en Estudios Hispánicos por Boston College University. Hace trece años que vive en Boston donde ha trabajado como profesor de lengua y literatura. Coleccionista de libros sobre temas relacionados con la gastronomía y las distintas bebidas. Aficionado a asistir a conferencias y eventos sobre temas gastronómicos.


El Día de acción de gracias es la gran fiesta nacional de Estados Unidos junto con el Día de la independencia. Como en toda celebración considerada tradicional existe una dosis de necesaria invención para su comprensión general y su conservación. En el caso norteamericano, a causa de su juventud como país, es relativamente factible rastrear qué hay de cierto y qué de añadido a la celebración de lo que ahora internacionalmente se conoce con su nombre original en inglés, Thanksgiving.

Popularmente se entiende en Estados Unidos el Día de acción de gracias  como la reproducción de la “primera cena de Thanksgiving”, supuestamente ocurrida en 1621, en la que los peregrinos -personas huidas de Inglaterra en busca de libertad religiosa- daban las gracias al pueblo wampanoag por toda su ayuda durante su primer año en la costa nordeste, en lo que será la ciudad de Plymouth, al sur de Boston. En realidad ni fue la primera, ni tan siquiera fue para dar gracias, al menos no a los nativoamericanos. Simplemente se trató de “una fiesta de la cosecha, algo tradicional en muchas sociedades agrícolas”, como explican  Kathleen Curtin y Sandra Oliver en ‘Giving Thanks’. En este libro las autoras documentan que los ingleses celebraron su primer Día de acción de gracias en 1623 en respuesta al fin de una temporada de sequía. En dicha celebración no se menciona ni comida, ni nada relacionado con ella. En realidad, ya había habido ‘acciones de gracia’ anteriores a los peregrinos, siempre de carácter religioso, lo cual no fue el caso en el famoso encuentro de 1621. Según afirma en ‘A New Look at Thanksgiving’ Nanepashemet, ex-director del programa Wampanoag de la Plimoth Plantation, “el pueblo wampanoag ya daba gracias a los espíritus con frecuencia”, y se trata de un pueblo que ha vivido en el sur de Massachusetts y en Rhode Island durante 12.000 años. De hecho, los conquistadores españoles ya habían celebrado misas de acción de gracias: Ponce de León a su llegada a Norteamérica en 1521, Vázquez de Coronado en Texas, en 1541 o el más conocido celebrado por los colonos españoles liderados por Pedro Menéndez de Avilés el 8 de septiembre de 1565 en San Agustín (Florida), junto a los indios Seloy.

Alexander Young en  ‘Crónicas de los Padres peregrinos’ (1841) redescubrió una carta escrita en 1621 por el coronel Edward Winslow a un amigo en Inglaterra -la carta ya se había reproducido anteriormente, pero sin especial repercusión. En esta carta,  Winslow no menciona que sea una cena de acción de gracias, sino una fiesta de la cosecha que duró tres días. Explica que mandó a sus hombres en busca de aves de caza, pero que noventa hombres del rey Massassoit cazaron cinco venados y los llevaron a la fiesta. El venado era para los ingleses un tipo de comida exclusivo (en Inglaterra la ley prohibía su venta). Para los wampanoag era parte central en su dieta. Estos venados fueron un regalo diplomático que formó parte de una celebración conjunta. Young interpretó que esa fiesta de la cosecha era una cena de acción de gracias, lo que ha pasado a llamarse ‘El primer Thanksgiving’.

La impresión que se ha tenido de esa supuesta primera cena es que se convirtió en una tradición anual. La realidad es que la numerosa y progresiva llegada de colonos creó tensiones con los pueblos nativos. En 1636 el gobernador John Winthrop proclamó un ‘Día de acción de gracias’ para celebrar su victoria contra sus enemigos, el pueblo pequot. La culminación de estas diferencias llevó a que en 1675 los wampanoag perdieran casi todas sus tierras y que los prisioneros pasaran a ser vendidos como esclavos. El hecho de que los norteamericanos hayan aceptado la historia del agradecimiento de los peregrinos a sus vecinos wampanoag ha podido ocurrir en el momento en que “las historias entre confrontaciones entre pioneros y nativoamericanos en el oeste dejaron de dominar las noticias del día”, según afirma Laurie Collier en ‘Thanksgiving: The American Holiday’. El historiador Andrew F. Smith identifica el origen de esta imagen idílica en la novela Jane G. Austin ‘Standish of Standish’ en que en un capítulo entero describe  el encuentro amistoso alrededor de una mesa de los nativos y los peregrinos. Dicha historia ficticia fue incorporada a los programas escolares de 1870, y ha quedado fijada en el imaginario popular.

cranberrysauce

gravy

El paso de un acto puramente religioso a una celebración familiar se entiende por dos motivos: el primero es que la costumbre religiosa de expresar gratitud ganó en frecuencia. El segundo elemento fue una relajación entre las dos misas establecidas en un día de Thanksgiving. Si al principio comer era un acto simplemente nutricional, sin ambiciones culinarias, luego el mayor tiempo para cenar entre las dos misas permitió el desarrollo del elemento familiar y un mayor cuidado en la preparación de los platos. Testimonios del siglo XIX ya documentan una gran cena tras ir a misa, omitiendo la misa nocturna. El menú tradicional actual se basa en los recetarios de dicho siglo: pavo, salsa de arándanos, puré de patatas y tartas de calabaza, manzana, o ‘minced pie’ (la versión actual es de fruta picada). 

 

pastel nueces pecan

El famoso pavo ocupa el centro de la celebración. En su carta de 1621 Winslow no especifica el tipo de aves consumidas. Young hizo su propia interpretación para rellenar los espacios ambiguos y asumió, sin tener información concreta, que las aves consumidas eran pavos. Patos, pavos salvajes y gansos formaban parte del paisaje de Nueva Inglaterra. El historiador Godfrey Hodgson escribió en ‘A Great and Golly Adventure’ que “lo que vemos, cuando nos sentamos ante un pavo de Thanksgiving es un ejemplo claro de lo que los historiadores han llamado el invento de una tradición”.

El primer libro de cocina en Estados Unidos, ‘American Cookery’ (1796), de Amelia Simmons muestra el cambio ocurrido de una cocina inglesa a una cocina estadounidense. Varios platos que la autora presenta no formaban parte del repertorio de principios del siglo XVII. El pavo aparece en varios apartados. Además, en el recetario están la tarta de manzana, de calabaza, el  ‘minced pie’, la salsa de arándanos y el puré de patatas.  Ninguno de estos platos existía en 1621. No tenían suficiente azúcar y las patatas no llegaron a la región de Nueva Inglaterra hasta el siglo XVIII. Los primeros pasteles se crearon en el siglo XIX.  La evolución de esta cocina está ligada a la creación y expansión exitosa de granjas a partir de finales del siglo XVII y XVIII. Curtin y Oliver afirman que la preponderancia del pavo, especialmente a partir del siglo XIX, se debió a la tradición de consumir grandes aves como carne celebratoria, pero también al simple hecho de que “el pavo era el alimento más festivo que la familia media americana podía poner en la mesa”.  En el siglo XIX, la mayoría de pavos para el consumo ya eran domesticados. Y claro, la influencia de Young tuvo su impacto, creando el binomio pavo-primer Thanksgiving.

pavos congelados

aceite para freír pavo

La editora y periodista Sarah Josepha Hale inició en 1847 una campaña para que Thanksgiving se declarase fiesta nacional. Su primer objetivo era evitar la guerra civil entre los estados del norte y del sur. No fue hasta 1863 cuando el presidente Abraham Lincoln declaró ese día como fiesta nacional. Los estados del sur ignoraron Thanksgiving durante tres años puesto que lo consideraban una imposición de los yankees del norte, pero finalmente se unieron a la celebración. La llegada masiva de inmigrantes requería de una festividad que sirviera de vínculo de unión. Al ser Thanksgiving en esos momentos considerado un recordatorio de un encuentro laico, no hubo conflictos religiosos y cualquier comunidad podía iniciarse en esta celebración.  En el siglo XX la comercialización ha llegado en forma de eternos partidos de fútbol americano que sirven para alargar la sobremesa en forma de siesta ante el televisor. El ya internacionalizado Black Friday del día después fue un recurso desde 1952 para fomentar las compras prenavideñas. Y los desfiles esponsorizados por grandes almacenes como Macy’s o Ikea se han convertido en tradición. Sin embargo, la esencia de reflexionar sobre qué y a quién estar agradecido continúa. No es extraño que al final de la cena los comensales, uno a uno, expresen su gratitud por algo o a alguien. Un momento sincero e intimidatorio para aquellos que no han crecido en esta tradición.