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SEXO ENLATADO
Por Antonio Vergara
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Antonio Vergara: Nacido en Valencia, lleva más de tres décadas ejerciendo la labor de periodista gastronómico, con una mirada a lo Far West. El cine y el jazz son también su telón de fondo. Sus inicios fueron en la Cartelera Turia, en 1972 y desde entonces no ha dejado de colaborar en distintas publicaciones, como La Cartelera. Publica los sábados una sección gastronómica semanal ('Menús variados') en el diario 'Las Provincias' de Valencia y los domingos una columna de opinión ('¡Salve y usted lo pase bien!) en este mismo diario". Su primer libro fue Comer en el País Valencia. Le siguieron la Guía Seat Panda, Comer en Carretera, De tapas por Valencia, La España dulce y Protagonistas de Nuestra gastronomía, editado por Editorial Prensa Valenciana S.A. Es director del Anuario de la Cocina de la Comunitat Valenciana. Detenta el Premio del Festival Cinegourland (Cine y Gastronomía),concedido por su dilatada dedicación a la gastronomía y a la crítica cinematográfica.


Desde el principio de los siglos, el ser humano ha buscado estímulos para incrementar sus deseos sexuales. En esta pulsión reside el origen de la presunta cocina afrodisíaca, un cuento chino como otro cualquiera, a pesar de que ha servido para llenar muchas páginas, escritas por hombres casi todas.
Datos históricos. El emperador romano Vitelio comía 1.200 ostras, pequeñas, como aperitivo; el vizconde de Mirabeau, treinta docenas; y Grimod de la Reynière, el primer periodista gastronómico (1758-1838), doce docenas = 144 ostras.
Hay que distinguir entre el deseo sexual de ambos sexos y la necesidad del hombre para alcanzar la obligatoria erección, mantenerla y no “enmendalla”.


En el otoño sexual del varón no es suficiente con abonarse a una marisquería y gastar centenares de euros en gambas, langostinos, ostras, almejas (de la mar y de la “mère”), percebes o zamburiñas (que a menudo son volandeiras).
Afirmo esto porque todavía pervive la creencia de que el marisco es un potente afrodisíaco. Que me lo digan a mí, que sólo alcanzo el cénit después de un “arròs amb bledes”, y nunca tras ingerir 350 gramos de percebes o veinte ostras.


Un cultivador de ostras australiano, George May, patentó la marca “Viagra-Oyster”. Su fórmula consistía en introducir las ostras en un tanque de agua con citrato de sildenafilo, el principio activo del Viagra. De este modo, y al parecer, el novísimo cóctel favorecía grandemente la erección masculina y su permanencia. Rápidamente, el laboratorio fabricante del Viagra se querelló. Ignoro cómo se resolvería el pleito de lo que May llamó “sexo en lata”.
(Obvio es decir que las mujeres no presentan problemas de erección, pero padecen los de sus parejas).
Nunca averigüé el precio de una docena de ostras al Viagra; ni la dosis aconsejable. Supuse que dependería de la cantidad de citrato de sildenafilo de cada ostra. Caso de confirmarse la eficacia de este cóctel – y si está a la venta en las farmacias- no sería extraño que millones de mujeres les regalen a sus parejas, en Reyes, no una corbata, sino varios botes de “Viagra-Oyster”. Y también el Día de San Valentín.
He conversado con varios cocineros, creativos o más convencionales, y les informo que han inventado ya dos recetas: ostra gillardeau con jugo de Viagra en tres texturas (en “polvo”, nube y nieve a alta temperatura) y paella con “pilotes de carn amb suc de Viagra-Oyster de pot”.


En su día, supe que había varios proyectos para inaugurar tres nuevas marisquerías en Valencia, financiadas por seis importantes constructores y promotores inmobiliarios, pero la crisis económica desatada a partir de 2007, les hizo desistir.
Se iban a llamar Marisquería Viagra-Oyster's Mar, Marisquería Cialis American Cup’s y Marisquería Levitra Polifemo. Cialis y Levitra son similiares al Viagra.


Entonces sólo se detectó un percance cardiovascular. Cuatro altos ejecutivos de un marisquería de Shanghai (Viagra-Oyster's Cho-Chin), después de la ingesta de quince docenas de estas ostras, aliñadas con salsa de soja, sufrieron durante una semana una crisis aguda de “priapismo no productivo”, que cursó, sin más, con una estricta dieta de arroz las delicias del Mandarín.

Antonio Vergara