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EL TEMALa receta de Almadraba Park maridada con Collection Blanc de Perelada

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Raya con alcaparras y pepinillos [ Ir a RECETAS HEREDADAS ] [ Volver ]
 

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Ser la tercera de cinco hermanos no esta tan mal. Dicen los psicólogos que no es un buen emplazamiento, suele ser el niño dejado  de lado. Del primero, ya se sabe, es el heredero, el que tiene que ser “perfomant” como dicen los franceses, palabra tan de moda a la hora de valorar a nuestros hijos, el segundo hijo es el de la afirmación de que la pareja va bien, el tercero, puede que no haya funcionado el método anticonceptivo, entonces era el método ogino, media generación de mi edad tendría que tener como nombre Ogino. El cuarto suele tener la misma suerte que el tercero, menos si es un varón y no hablemos del último,  que eso si es una maravilla,  porque los papás han aprendido ha hacer bien los niños, es el niño de la experiencia, de la madurez, el que nadie esperaba, es el que va gozar de todas las atenciones, incluidas de los hermanos mayores y será educado con mucho más flexibilidad porque  hay que vivir con su tiempo.
Yo, la tercera, ni muy lista, ni muy tonta, pero totalmente invisible gracias!!! Me ha permitido hacer lo que me daba la gana, mis pasos en el colegio no fueron muy brillantes no era lo que se dice una luz, me aburría, odiaba a las monjas y solo me gustaba dibujar, cantar y bailar.
Así, sin que nadie se diera cuenta, he podido realizar lo que ninguno de mis hermanos hubiera podido soñar. Mis padres me dejaron a mi aire estudiar lo que más me gustaba, dejándome por inútil,  me permitió independizarme muy joven. ¿Y que tiene que ver esto con la receta de la raya con alcaparras? pues mucho. Mientras mi hermana mayor se pasaba horas haciéndose unos moños de una altura considerable a base de creparse el pelo para parecerse a la mujer más bella de Francia la B.B y mi hermano mayor jugaba a ser un hombrecito valiente. Hay que aclarar que en el comedor de mi casa de Burdeos  reinaba sobre nuestras cabezas y conciencias, en forma de cuadro, con su marco tan falso, el poema de Kipling, que tanto gusta y que personalmente encuentro horrible: Tu seras un homme mon fils.
En busca de alguna atención, me pasaba mucho tiempo en la cocina, a la sombra de de mi madre. Como siempre cocinaba ella, por lo menos sabia dónde encontrarla, observando y aprendiendo lo que a mis hermanos no los importaba nada, como diferenciar los olores de los guisos, la manipulación de los alimentos. El interés de mi madre  para dedicar tantas horas a preparar platos, me fascinaba. Recuerdo haber pensado que tendrá más que yo el pollo muerto que mi madre trataba con tanto cariño…cosas de niños.
Cuando venia  sola desde Burdeos a Barcelona, lo hacia en tren. A  llegar a  la estación de Francia, lo primero era pasar el control de la guardia civil,  Nada más cruzar el control ya sabia que estaba en Barcelona envuelta por el olor a agua de colonia tan característica de la estación. El olor a colonia es algo difícil de explicar, pero es cierto. En ninguna estación de tren existía este olor a limpio, era la señal de identidad de la estación de Francia.
Hay olores que quedan gravados en nuestra memoria , según que sofrito se prepara suelo decir: huele a pueblos de Las Landas…heredé el servicio de té de mis padres, las tazas huelen a los Jerez Palo Cortado que guardaba mi padre en el armario de los aperitivos dónde estaban  las tazas. Huelen a  la casa de Burdeos. En el caso de la raya me pasa lo mismo, cierro los ojos y recuerdo a mi madre preparándola y sobre todo evoco el buen olor a mantequilla, alcaparras y zumo de limón. Es una receta sencilla, económica, fácil de preparar. No quiere decir que sea mejor que otras formulas, pero es la que preparaba mi madre y que escribió en su cuaderno manchado que huele a harina.


Bernadette Graner

La receta

Raya Marie Louise con alcaparras y pepinillos

Ingredientes para 4 personas con apetito

4 aletas de raya sin piel

100gr de mantequilla

8-10 pepinillos

2-3 cucharadas de alcaparras

El zumo de un limón

Un poco de harina

Sal

Pimienta (opcional)


Lo primero según mi madre es preparar los ingredientes de la salsa.
Picar los pepinillos. Exprimir el limón. Reservar. Salar el pescado y pasarlo por harina. En una sartén antiadherente poner a fundir la mantequilla a fuego suave, en su cuaderno manchado mi madre explica que cuece las aletas de dos en dos y que naturalmente divide la mantequilla en dos. Una vez la mantequilla empieza a tomar color, colocar el pescado , según el tamaño de las aletas se suelen dejar cocer unos 4 minutos de cada lado. Mucho cuidado con que no se queme la mantequilla. Ir colocando las aletas en una fuente de servicio. Bajar al mínimo el fuego y repartir en la sartén los pepinillos, las alcaparras y el zumo de limón, mezclar bien con la mantequilla que nos ha quedado en la sartén y verter el zumo de limón y si gusta la pimienta, añadir una vuelta de molinillo. Cubrir el pescado con la salsa de alcaparras y pepinillos. Servir caliente, con patatas al vapor de guarnición. 

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