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EL TEMAMasqueta d arròs, la receta de Ca l Eulàlia, y el vino Chivite Las Fincas Rosado. Por Miquel Sen

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DINOU, DE PADRES A HIJOS [ Ir a LUGARES CONCRETOS ] [ Volver ]
 

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Carrer del Comerç, 2, · 08800 Vilanova i la Geltrú, Barcelona · Telf. 938 14 33 02

DINOU DE PADRES A HIJOS.   Por Frank Ferrero

Celebrar aniversarios. Cumplir año tras año en esa ceremonia de vida o muerte, según se mire, nunca ha sido lo mío.
De un tiempo a esta parte, la memoria de un tiempo pasado mejor, se va acrecentando, me lleva a viajes dónde en esencia me sentía más feliz.
Hoy celebro acompañado de lo que más amo en mi vida mis hijos. Pol me acompaña en un almuerzo más que sentimental, pues de padres e hijos va esta historia y el recuerdo persistente que en cien años todos calvos.

Me acerco al pueblo Indiano por antonomasia del Garraf, Vilanova y la Geltrú.  A la casa en donde nació el poeta Manuel Cabanyes en 1808 y dónde se encuentra el restaurant Dinou.



Uno de los restaurantes inmersos en el movimiento slow food de la comarca. La chef que encabeza esta cocina es Nuria Lucas, una joven cocinera de larga trayectoria y experiencia que llevó a esta ciudad el primer restaurante km0. No es una decisión aleatoria que yo me encuentre aquí, el segundo de cocina es mi gran amigo Arturo Gómez.

                         

Un niño que venía a mi restaurante acompañado de su padre, Antonio, y toda su familia. Que me pedía platos pantagruélicos con apenas diez años. Tártars de pronunciado acento francés con mostaza de Dijon e infinitos aliños y demás platos y platillos impropios de un niño de su edad. No porque no deban comerlos, ni mucho menos, pero la costumbre es ultrajar el trabajo de cocineros pidiendo pollo frito, patatas y huevos, como si los niños solo disfrutasen de eso, caramba hagamos un esfuerzo por formarlos (padres del mundo eduquen a sus hijos en una amplia y variada dieta llena de vida y conocimiento, sé que es un esfuerzo, pero vale la pena).

                          

Nos sentamos en la mesa después de abrazos y besos, de recordar a su padre y mi gran amigo Antonio en paz descanse y de brindar por el con una cerveza bien fría de aperitivo. Pol y yo venimos con hambre y ganas de probar. Exageración máxima, la expresión del maître al tomar nota, cuando pedimos seis platos para los dos.

                          

Solicito vino a copas y me sorprende el joven y atento camarero con uno de los mejores inventos para disfrutar de grandes vinos. Aun siendo el único en beber de la mesa, el Coravin hará posible que disfrute al máximo de vinos espectaculares. Me decido por dos propuestas cercanas un blanco chardonnay de Torelló viticultors, el Mas de la Torrevella. El tinto, un Hisenda Miret de la bodega Parés Baltá.

                          

                          

Decididos los caldos, empiezan a llegar los platillos, el hambre nos acecha y un vacío en el interior nos está invadiendo. Atacamos las patatas decimonónicas. Un homenaje a la patata brava que no sólo sacia nuestro apetito, nos habla de lo que va a ser este ágape. De textura cremosa y piel crocante.

                          

Acompañadas de un alioli sabroso y una salsa de tomate especiada, picante, natural, un ejemplo de que a veces, menos es más. Las devoramos y va llegando la tempura de verduras con huevo a baja temperatura y virutas de foie. Bien ejecutada la fritura y la cremosidad del huevo espectacular, ya un clásico de la experiencia dionisíaca. Cuanto juego nos dan los huevos.

                          

Hablamos con Pol de el mañana, pues a sus dieciséis años esta tan perdido, que necesitamos hablar de todo y de nada. La búsqueda intrínseca de lo que le motiva, que quiere hacer en un futuro y a que se va a dedicar. Una pregunta que la juventud de ahora tiene que hacerse cada vez con más inseguridad y con una visión de lo que se viene más compleja, inestable y precaria.
Llega la pasta, un ravioli de trufa y otro huevo a baja temperatura. Doblete de huevo, pues el placer como caldo de tres tazas en tres tazas. Patatas, tempura, pasta, me recuerda a mi juventud cuando jugaba al baloncesto y quemaba a cada bocado lo que ingería. Tempus fugit.

                           

Llegan las carnes, esta vez no compartimos, aunque si probamos el uno del otro para competir en quien ha elegido mejor. Mi “timbal” de ternera con Foie y reducción de “vi ranci” está al punto que he pedido, caliente. Se deshace en la boca y la combinación de foie y vino resulta adictiva, muy acertada para mi gusto. Pol se tira a por el entrecot de generosas dimensiones, con salsa de trufa, que no deja indiferente a ninguno de los dos. Un buen corte, una carne sabrosa y tierna, se agradece con los tiempos que corren en los que las carnes están de moda y todo hijo de vecino se aventura a dar chuletas de vacas rubias y bueyes inexistentes, no natos.

                            

En este caso no hay engaño, todo lo contrario, un acierto. Aunque he echado de menos esa sepia bruta y otros platillos marineros que han dado tan buena fama a este local. Tendré que regresar para probarlos pues recién llegan de vacaciones y no han puesto en marcha toda la carta aún. No podemos con tanta cantidad de carne y la pedimos para llevar. Sin duda he ganado yo en la elección del segundo, por experiencia, pero el jovencito apunta maneras y me llena de orgullo su curiosidad a la hora de decidir. Quien no decide, no se equivoca, así que sigue así. La vida es un aprendizaje constante.

                                 

La necesidad de un toque dulce a este día es vital, hay que soplar las velas. De postre coulant de chocolate de elaboración propia con un helado de maracuyá para refrescar y el carajillo sólido de ron, una espuma de café y ron con gelatinas del mismo. Muy divertido juego para romper los esquemas mentales del comensal. El carajillo se bebe y no se come, pues aquí es al revés y me gusta.

                             

Cafés, copa y puro y más tertulia.

                             

Se incorpora mi querido Arturo y brindamos por su padre Antonio. Como se estará riendo viéndonos en estos roles tan diferentes, yo de comensal y Arturito de cocinero. Larga vida a las experiencias de padres a hijos, al trasvase de conocimientos y al amor incondicional. Larga vida a los recuerdos que conforman nuestra memoria gastronómica.

RESTAURANT EL DINO
c/ Comerç, 2 1er
Vilanova i la Geltrú
Telf.: 938 143 302
info@eldinou.cat
http://eldinou.cat/

Horari:
De dilluns a dissabte
de 13h a 16h
De dijous a dissabte
de 20:30h a 23h