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CASA GRAUPERA: HISTORIA DE UNA NEULA [ Ir a LUGARES CONCRETOS ] [ Volver ]
 

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Detrás de la Basílica de Santa María, en un pequeño callejón de Mataró que en su día fue una calle muy transitada, se encuentra el obrador y la tienda de la familia Graupera, unos artesanos vinculados a la historia más dulce del Maresme a través de uno de sus emblemas gastronómicos: la neula.


Tradicionalmente unida a la repostería navideña, la neula es el centro de la actividad de estos maestros artesanos que han ido reformulando un producto genuino, anclado en la tradición, marcado por la estacionalidad, hasta convertirlo en un estandarte de la dulcería catalana que no dependa del calendario para formar parte de unas mesas cada vez más exigentes, unas neules acordes con los nuevos tiempos que alaban cocineros como Carme Ruscalleda, Mey Hofmann o Sergi Arola.


Desde 1895, ininterrumpidamente, se han elaborado en este obrador de la capital del Maresme esas obleas crujientes que todos los niños catalanes llevamos en nuestro imaginario gastronómico. El tiempo y sus avatares, sin embargo,  no lo han puesto fácil. En sus inicios, el bisabuelo Graupera debió ver con incertidumbre la pérdida de las últimas colonias: la llegada del azúcar de ultramar tambaleaba. Tampoco los años siguientes fueron fáciles para un  padre que anotaba con temor la carestía de harina o de azúcar en los negros años de la contienda civil. Cada generación de la familia Graupera ha ido lidiando con las dificultades y, aún así, ha sido capaz de seguir adelante con el negocio, conservar la fórmula original y  añadir toques de modernidad aprovechando las sinergias con otros productos de la zona como los fresones del Maresme. No en vano, Casa Graupera ostenta la “Q” de calidad que la Generalitat de Catalunya otorga a   los productos alimentarios de reconocido prestigio.


Así, a la fórmula original de harina, leche, mantequilla, vainilla y yemas de huevo, se unen infinidad de frutas, yogures, chocolates, frutos secos o ingredientes salados hasta conformar un abanico de 50 variedades. Casi todas ellas envueltas de una forma exquisita, lo que las convierte en la guinda de cualquier mesa o en un regalo para gourmets exigentes: una joya gastronómica. Las más conocidas son las que contienen canela, limón y vainilla, las primeras elaboraciones de  un abuelo que no vio con buenos ojos, allá por los 80, rellenar una  neula con chocolate. Belga, según me confiesa una de las hermanas Graupera después de probar muchos otros. Le siguen las rellenas de naranja y chocolate, las de frutos rojos, los hatillos de frutos secos, las neulas de Sant Jordi decoradas con pétalos de flor, los bombones de neula, y, obviamente,  las saladas para los aperitivos más atrevidos.


Otros productos  tradicionales forman parte también del reconocido trabajo artesanal de la Casa Graupera: los famosos carquiñolis, els pets de monja, los mantecados y  roscos, pero el turrón aterciopelado de chocolate y melocotón es uno de los más reconocidos junto con el de coñac o el de chocolate y naranja. Una variedad de símbolos gastronómicos que permanecen  en pie como la vieja máquina de fabricar neules, pero que se renuevan gracias a las nuevas generaciones y su constante afán creativo.

 
MATARÓ
CASA GRAUPERA, C/ San Simon, 5
93 755 02 22
93 790 97 01
info@casagrauepera.com

Por Inés Butrón

Licenciada en filología hispánica por la UB, periodista, escritora y autora de varios libros sobre temas gastronómicos: Ruta gastronómica por Cantabria,  Ruta Gastronómica por Andalucía y  Ruta Gastronómica por Galicia, Salsa Books, Barcelona 2009. Comer en España, de la subsistencia  a la vanguardia. Ed. Península. Madrid 2011"

Fotos Toni Butrón