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EL TEMARabo de buey con cigalas: la receta de Can Pineda y el vino Finca Garbet de Perelada

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El Cruce: el rabo de toro, La Pantoja y el cuchillo jamonero [ Ir a LUGARES CONCRETOS ] [ Volver ]
 

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La crónica de este restaurante, en pleno meollo del área metropolitana barcelonesa, bien podría dar para toda una historia de la inmigración andaluza en Cataluña y su dilema identitario a través de la cocina. Sin embargo, como es tema de sociólogos y  de algunos autores como Julio César Cano describir la “cocina charnega”,  nosotros nos limitaremos a esquivar la controversia y la nostalgia,  nos dedicaremos  únicamente al disfrute de esta cocina popular,  reconocible, sin ínfulas,  sin soberbia,  que se sienta todos los domingos con la familia para el disfrute de todos los presentes.


El Cruce, situado al final de la Rambla de San Sebastián, en Santa Coloma de Gramenet,  abrió sus puertas hace 25 años por un matrimonio de los muchos que recalaron en la ciudad desde Andalucía. En una época en la que el emigrante escogía entre la Seat y el negocio del bar familiar, el señor Rubio y su esposa optaron por la vía de los fogones que era, cuanto menos, más libre y menos alienante que la cadena de montaje. Se trabajó duro, se ofreció una cocina económica, a la altura de los bolsillos de los vecinos de un barrio sin más zona verde que el de sus geranios, se adecentó un local alicatado y limpio, con mucha foto y mucho icono reconocible, fluorescentes que iluminaban los diferentes salones,  y una terraza casi sin sol  para sentarse a rechupetear caracolillos en la primavera.

A día de hoy, la época de los caracolillos rayados o cabrillas y su caldo negruzco lleno de hinojo siguen siendo  un motivo de  peregrinación para las  gentes que saben de este platillo terriblemente humilde, pobre y rural,  a través de la memoria de sus padres. Sin embargo, las largas colas que se forman en la puerta del restaurante todos los domingos demuestran que no sólo de caracoles vive este bar, con sus camareros rápidos de  camisa blanca bien planchada. Las bravas “cruce”, una patata al caliu- la técnica de cocción  catalana mejor adaptada- cortada en rodajas y bañada en allioli- más de los mismo- es un hit dominguero, junto con los pescaditos fritos- sardinilla, sonso, boquerón-, los chipirones, las rabas, los rejos y los chocos, la socorrida ensaladilla,  bien aliñada y sin tropezones de verduras insípidas y congeladas, el salpicón, las gambas saladas o la plancha, los callos o  las croquetas, el  jamón y los  quesos. En general, todas las frituras son impecables y el producto es muy fresco, simplemente,  porque pasa muy poco  tiempo en la nevera, habida cuenta de la cantidad de raciones que se sirven dentro y fuera del restaurante.


Este no es el restaurante de moda en el que uno espera ver la tendencia gastronómica más puntera, ni la decoración más cool del decorador más cool, ni las vajillas más estilosas, ni los manteles o las mesas más “vintages”. Todo es, simplemente,  de un blanco impoluto,  porque a su jefa de cocina, una cordobesa curtida en muchos salmorejos y rabos de toro, le gusta todo sencillo y limpio, para que vengan los colomenses a comer con la familia sin inflar la cuenta más allá de lo razonable.

La carta es bastante amplia y se enriquece en verano con los salmorejos. A la espera de la sopa fría más universal, existe la posibilidad de empezar con plato fresco. Las ensaladas son un batiburrillo de hortalizas y verduras, sobre todo la ensalada primavera, que incluye escarola bien fresca, espárrago triguero, seta de cardo, huevos de codorniz, tomate y cebolleta.  Los xatós son una buena opción, pero se nota que han dado entrada a un plato adoptado y a la salsa romesco le falta autenticidad. En cambio, uno de los entrantes más logrados es la  fritura que una servidora  les recomienda: fritura primavera, una mezcla impecable de tiras de calamar, bacalao muy fino y jugoso, cebolleta y pimento verde y rojo. A pesar de los que pueda parecer, nos es plato cansino, porque la dulzura de las hortalizas casa muy bien con el pescado salado,  siempre perfectamente frito, ni requemado ni encharcado en aceite. Esta fritura, a mi parecer, no tiene nada que envidiarle a las que tanto atraen en Cañete al comensal no habituado a las frituras andaluzas y, obviamente, es infinitamente más barata.

Otro plato que nunca perdono es el rabo de toro. Su presentación no es de lo más fotogénica. El hueso y la salsa amarronada le quitan “glamour”, pero es tan sabroso, que uno acaba rebañando hasta el último recoveco. No diría lo mismo del flamenquín,  que probamos para hacer un pequeño recorrido por lo más tradicional de su carta.  La carne de cerdo que envuelve al jamón y el queso se torna seca con la fritura excesiva y sólo hay que pedirlo si a uno le  gustan las carnes enjutas.  Puesto que es una preparación económica, muchas veces forma parte del menú diario por sólo 10 euros.
Otras opciones para conocer este restaurante emblemático del área metropolitana es escoger las “torradas”, es decir, la gran rebanada de pà de pagès con tomate y embutidos. Son  esas habituales fusiones culinarias  avant la lettre que los restauradores de estas zonas de la ciudad fueron añadiendo a sus ofertas cuando se dieron cuenta de que los vecinos del lugar eran grandes amantes de las cenas informales a base de buen pan, queso, jamón y trago. Un recurso económico anterior a la incorporación de la pizza en las cartas de los restaurantes que uno ve con cierta nostalgia.
En general, el Cruce es una especie de estandarte de una época en la que todos teníamos un bar, un lugar de encuentro, una cocina en la que reconocerse a sí mismo y a los demás, un espacio donde uno iba a comer y a ver pasar el mundo desde una terraza sin que ningún artista de los fogones pretendiera  más destreza  que la de un boquerón bien frito y una caña bien helada para hacer de esta vida algo más llevadero.

Por Inés Butrón

Licenciada en filología hispánica por la UB, periodista, escritora y autora de varios libros sobre temas gastronómicos: Ruta gastronómica por Cantabria,  Ruta Gastronómica por Andalucía y  Ruta Gastronómica por Galicia, Salsa Books, Barcelona 2009. Comer en España, de la subsistencia  a la vanguardia. Ed. Península. Madrid 2011"

http://www.barelcruce.com/
Menú diario: 10 euros
Precio medio a la carta : 20 euros
Cocina abierta de de martes a domingo de 13 a 16 h. y de 19 a 00h.
Servicio de terraza de verano
Telf:  93 468 30 17. Reservas sólo al mediodía.