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EL TEMATRINXAT DE MAR Y MONTAÑA, LA RECETA DE LA TAVERNA DEL CLÍNIC Y EL VINO CHIVITE COLECCIÓN 125 BLANCO.

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GRANJA ELENA

Bodega La Puntual: lugar de culto. [ Ir a LUGARES CONCRETOS ] [ Volver ]
 

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Seguro que lo habrán oído más de una vez: “yo prefiero una bodega a una catedral”. A una servidora le resonó en los oídos nada más entrar en La Puntual, me persiguió el recuerdo, porque estoy segura de que quién me lo dijo se sentiría aquí como en su casa. Vidas licenciosas al margen, lo que sí es cierto es que esta bodega impresiona. Sus techos altos, la piedra desnuda, la luz tenue, las mesas de antaño, pequeñísimas ventanas originales, altillo, empinadas escaleras, cartel de L‘Auca del Senyor Esteve - donde Russinyol creó una Puntual distinta-, patio interior con portalón de hierro forjado.  Guarda, por decisión de sus propietarios, la esencia de esos locales y talleres de artesanos que ocuparon el  Born y, a decir verdad, se agradece esa falta de “elucubración interiorista” que cae en la caricatura de casi todo. Al margen de la cocina vista (¿será este el altar que me faltaba?) y algunos detalles de colmado en la entrada, La Puntual carece de casi todo lo que es accesorio. Incluso en la carta.


Esta enorme bodega que se llena hasta la bandera en estas fiestas forma parte del Grupo Varela. José Manuel, cocinero e hijo de cocineros, me cuenta su periplo y acabo por envidiarlo. Casa Nicolasa es también otra de esas catedrales en las que me hubiera gustado rendir culto a lo que sea, además de Aquelarre, otro de los espacios donde fue a curtirse en el oficio. En general, no parece haberlo olvidado  porque controla, decide y vigila todo lo que se menea  a su alrededor en esta comida en la que probamos algunas cosas y charlamos de algunas más.  “Tienes los ojos en el cogote” le digo cuando me fijo en que él observa a unos clientes sin carta recién llegados. Las bodegas han de ser, por antonomasia, lugares de llegar y besar el santo. Nadie espera, esto es, valga la obviedad, La Puntual.


Así que, como el tiempo apremia, empiezan a llegar cosas también a nuestra mesa. Buenos productos, básicamente, de los que a uno le llaman la atención cuando mete la nariz desde la calle. ¡Qué lujo de conservas! ¡Qué jamones Maldonado en sus jamoneros! ¡Qué chorizos Joselito colgando del techo, haciéndole sombra al atún en escabeche, a los boquerones en vinagre,  a la alegría de las aceitunas, y hasta  a esos quesos catalanes, gaditanos, de Zamora! No huele a vinagrillo, como era propio de las antiguas bodegas donde uno rellenaba garrafa y se compraba anchoas para el vermut del domingo, pero tiene ese descaro canalla de la comida que se muestra impúdica desde el quicio de la puerta y eso, eso es muy, muy genuino.


Llega, pues, un platillo de paletilla del mencionado jamón y una mortadela de las que te hacen replantear qué demonios has comido hasta ahora con ese nombre. Perfectas ambas cosas con esos picos que no son picos, ni tampoco grisines, sino pan feo de Cuenca ( me encantan los descubrimientos gastronómicos!) . Muy golosos todos, hasta que el llega el pan, de coca, con tomate, aceite visible y palpable, bien caliente. Es como el pistoletazo de salida: ha llegado la hora de la verdad.
Al principio hubo dudas: ¿De verdad quiere la señora una tortilla? Se oyó por la ventana de esta cocina abierta que tengo enfrente. Naturalmente que quiero una tortillita, de patatas y cebolla, picada muy fina, en formato individual, ni con babas excesivas ni, por supuesto, muy hecha. Tremendamente suculenta. Y luego, las bravas muy bravas, nada de sucedáneos de patatas encharcadas en materia grasa con salsas X derivadas del allioli industrial. Me cuenta el chef que el Pimentón de la Vera y el chorrito de vino de Jerez le dan vida a cualquier patata que quiera llamarse brava. Tomo nota. Haré en breve patatas bravas al modo de La Puntual, previamente hechas al caliu y selladas en una fritura rápida para que no empapen demasiado aceite. No te acostarás sin aprender algo más,


También nos lanzamos a por un trinxat un pelín peculiar. ¿Y por qué no? Es cuestión de ponerle morcilla, ceps y freírle un huevo con puntilla para que lo corone en el último momento. Yo sólo le pondría una pega: no dejen que el camarero, con toda su buena voluntad, se lo trinche en la mesa en plan huevos rotos Casa Lucio, porque se enfriará enseguida y, como siempre digo en mi casa, eso frío novalená. Por lo demás, tomo nota.
Y no me voy sin croquetas de jamón. Ya las comí en El Estupendu, que pertenece también al grupo Varela, pero ¡están de vicio, qué caray! Igual que estos mil hojas con crema -en pequeño formato-  para ponerle  un dulce  broche final a esta comida que  finiquita mis crónicas comestibles del 2015.  Me presino  y me despido de mi anfitrión con la promesa de comernos un arrocito en el 2016. Me encantan esos planes de futuro.

 

Bodega La Puntual
Abierto de 12 a 24 h.
Cerrado martes noche y miércoles todo el día.
C/ Montcada 22
08003 barcelona
Telf: 933103545
Precio aprox: 25/30 euros.

 


Por Inés Butrón

Licenciada en filología hispánica por la UB, periodista, escritora y autora de varios libros sobre temas gastronómicos: Ruta gastronómica por Cantabria,  Ruta Gastronómica por Andalucía y  Ruta Gastronómica por Galicia, Salsa Books, Barcelona 2009. Comer en España, de la subsistencia  a la vanguardia. Ed. Península. Madrid 2011"