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EL TEMAMACARRONES RELLENOS DE CARRILLERAS, LA RECETA DE LA XARXA, Y EL VINO FINCA GARBET DE PERELADA. POR MIQUEL SEN

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RESTAURANTE YUE LAI

Ronda Sant Pere , 45 · Barcelona

Bistrot de Vins: a la Moritz le gusta el buen vino. [ Ir a LUGARES CONCRETOS ] [ Volver ]
 

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Moritz y Barcelona están hermanadas desde 1856, fecha en que el alsaciano Louis Moritz se instaló en Barcelona y empezó a elaborar la cerveza que hoy todos conocemos, en el espacio que todos conocemos, sobre todo desde el 2004, cuando esta gran fábrica es redecorada por el arquitecto Jean Nouvel y se convierte en uno de los lugares más interesantes y bellos de la ciudad, dedicado por entero al culto cervecero y gastronómico. Desde entonces, estas paredes de piedra bañadas con juegos de luces tenues, vidrio y metal se reinventan una y otra vez, acogen eventos varios y nuevos espacios de restauración bajo el mismo paraguas, pero con directrices distintas.


Sabíamos del nacimiento de Louis 1856 en el sótano de la Fábrica Moritz - restaurante comandado por Jordi Vilà-, de su buena acogida, pero, antes de adentrarnos en el terreno de la “alta braserie”, nos apetecía sentarnos en su bistrot contiguo y ver cómo en los dominios de la cerveza se  puede saborear buen vino y, encima, hacerlo con gracia, desmitificándolo, divirtiéndonos. Por otra parte, sabíamos que la carta era terriblemente tentadora, impecable de principio a fin, de manera que la suma de ambas cosas hacía que este Bistrot de Vins fuera un candidato perfecto para nuestra sección “Lugares concretos”, lugares que nos gusta recomendar.
El Bistrot es lo que algunos llamarían un wine bar, pero el término bistrot le va al pelo, aunque no cumpla con los estereotipos arquitectónicos clásicos. Aquí huele a vino, se respira vino, se lee el vino. En la pared se reflejan parte de las propuestas- más de 700-   sus formatos y sus precios: Cata (2 cl), media copa (5 cl) y copa (10 cl), pero si, con todo, no se decide, Alberto González, jefe de sumillers, con muy buena mano para los “neófitos” como servidora, le dará toda  clase de explicaciones y le guiará en la elección. De hecho, para los que le tenemos cierto respeto a este mundo de DO y variedades de uva, han ideado un juego o cata a ciegas en las que se le propone al comensal  un juego de adivinanzas con cinco blancos y cinco tintos. Si no se da ni una, queda el consuelo de haber probado cinco buenos caldos, pero, si se da en el blanco, le regalan la consumición.


Tras la cata, ya con mejor ánimo, incluso dispuesta a subsanar in situ las lagunas de mi ignorancia, llega la carta con los platos divididos en "Pequeños Mordiscos, Tapas, Platillos, Quesos Artesanales y Postres de los Vecinos". Nos dicen que todos están ideados para acompañar a las copas con una comida de aire más bien “canalla”, adjetivo que no me gusta demasiado, pero que ha quedado en el vocabulario foodie como sinónimo de suculencia, calidez, plato de origen popular con buena materia prima, perfeccionado a la altura de los nuevos tiempos, algo creativo, pero sin ínfulas, mesa informal, pero acogedora y llena de encanto. 


Para empezar, éclair de pollo escabechado y aguacate. Delicioso, suave, maneras de gran cocina. Tras el primer bocado, unas croquetas de cochinillo sobre una hoja de cogollo para comer “del tirón” con una pizca de curry rojo, un poco picantes, eneldo y flor de cilantro. Muy, muy buenas. Acto seguido una pequeña sartén con “un pan con tomate al horno” que me recuerda las sopas de tomate y hierbabuena que se hacían en casa de mi abuela gaditana. Efecto ratatouille, aunque no es el plato que mejor representa las habilidades de esta cocina. Tras él, una cheescake de chorizo muy suave, con muy buena combinación de sabores, bastante sorprendente. Las costillitas de lechal rebozadas y acompañadas de patatas paja y allioli me arrancaron una sonrisa, supongo que porque me recordaron otros tiempos y porque me siguen gustando el encanto de esa fritura. Todo, además, servido en utensilios de cobre, pequeñas bandejas ( qué fue de las bandejas en los restaurantes?), bols y  telas: elegancia suave y confortabilidad. Un último plato caliente, de ovación y vuelta al ruedo: rabo de toro con tripa de bacalao  y puré de patatas. Melosidad, intensidad de sabor, una salsa untuosa, redonda... Después de esto, y  únicamente, porque es difícil ofrecer resistencia, nos pedimos media ración de quesos y el mil hojas del día que llevaba en su interior una crema de fresas más que deliciosa.
En general, pues, el Bistrot de Vins es  un pequeño/gran lugar altamente recomendable,  muy agradable, con un servicio profesional e impecable, en el que disfrutar de una experiencia gastronómica completa y muy acertada con el sello de un gran cocinero.  Por cierto, nos chivaron que un nuevo Alkimia está al caer.... Y hasta aquí puedo escribir

 


Bistrot de Vins
Ronda Sant Antoni 41
Barcelona
HORARIO: Miércoles a Viernes de 19 h a 00 h y Sábado y Domingo de 13:30 a 00 h ininterrumpidamente. Lunes y Martes cerrado. TELÉFONO: 93 426 51 14
 WEB: http://www.bistrotdevins.com
MAIL: bistrotdevins@moritz.com
PRECIO MEDIO: 15 – 30 € por persona.

Por Inés Butrón

Licenciada en filología hispánica por la UB, periodista, escritora y autora de varios libros sobre temas gastronómicos: Ruta gastronómica por Cantabria,  Ruta Gastronómica por Andalucía y  Ruta Gastronómica por Galicia, Salsa Books, Barcelona 2009. Comer en España, de la subsistencia  a la vanguardia. Ed. Península. Madrid 2011"