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La Nena del Leopoldo




Rosa Gil con Arturo San Agustín

Retratista preciso  de la vida social barcelonesa a través de su columna diaria en El Periódico de Catalunya, Arturo San Agustín es uno de los impulsores de la novela periodística, en la que la acción, el asunto, se narra con la fuerza expresiva que caracteriza la información de los medios escritos. Su última obra, La nena del Leopoldo, es una crónica de Barcelona a partir de los recuerdos de Rosa Gil, propietaria y heredera del conocido restaurante barcelonés Casa Leopoldo. Por sus páginas circulan todos los personajes que han pasado por este establecimiento. Evidentemente esta presente Manuel Vázquez Montalbán, un asiduo de la casa. No faltan toreros, gente del barrio, del barrio chino, de la calle San Rafael, dónde está ubicado el restaurante Leopoldo, menciones múltiples a aquellos que formaron la gauche divine. Ahí están Joan Marsé, Eduardo Mendoza o Joan Manuel Serrat, más artistas de todas las nacionalidades, que entran y salen de las páginas dando a esta narración un ritmo trepidante.


MS: Te gustan los barrios, la Barcelona vieja, hasta el punto de que un capitulo de La nena de Leopoldo se titula “En mi barrio no hay chivatos”.

Arturo San Agustín: Viví muchos años en la casa de los ingenieros, en la casa de los contramaestres que la compañía del gas tenía en la Barceloneta. En el colegio conviví con compañeros de pupitre cuyos padres  eran pescadores, no de caña y de los domingos, como eran los pescadores que imaginaba, si no de barca de arrastre. Mi llegada de niño a la Barceloneta fue para mi una experiencia importante. Conocí portuarios y algunos contrabandistas buenos. La Barcelona de siempre ha sido esa, y la que se ha llamado distrito V, barrio chino y ahora se llama Raval,  es la Barcelona viva, la vieja, en la que pasan todas las cosas. A los otros barrios se va a dormir. Nos guste o no, los demás barrios puedes encontrarlos en otras ciudades, pero el Raval no. Lo que sucede en el barrio viejo es lo que sucederá dentro de unos minutos en Barcelona. El barrio Chino no esta muerto, aunque para muchos de mi generación se este perdiendo.

M S: Un barrio imprime carácter.

Arturo San Agustín: De hecho ya sabes que no soy de barrio, por lo que no lo utilizo como un farsante para hacer literatura.

MS: Lo que es un vicio muy frecuente y que al parecer da resultado. Pero tu Nena del Leopoldo va por otros ámbitos. Das la imagen de que casa Leopoldo y Rosa Gil han sido el centro del mundo en años difíciles, cuando tener una vespa y un cartón de cigarrillos  rubios era un sueño.

Arturo San Agustín: Describo un barrio y una calle dirigida por Martín Scorsese, otro que si ha sabido dibujar a los mafiosos, no como el gordo que nos engaño con el Padrino de Don Corleone.

MS: Sigue

Arturo San Agustín: Me lo contaron en Palermo. Marlon Brando era un jefe de la mafia, pero no un padrino. En estas cosas hay que ser muy riguroso. Y en cuanto a los chivatos, especie que también se da en el periodismo, no es que no lo soporte, los detesto.

MS: De tu Nena de  Leopoldo me gusta esta definición: “El mundo sigue pasando por tu casa, nena y eso puedo explicarlo casi todo. Rosa Gil, que eres bolero, copla, tango y fado. Las cuatro cosas que siempre nos cantan las verdades en los momentos oportunos”. De lo que no hablas es de tus aficiones gastronomicas. ¿Cocinas?


Arturo San Agustín: No te puedo engañar. Un día me atreví a freír una butifarra. Pero como soy hijo único, mimado, nadie me explicó lo que tenia que hacer para que no reventara. La butifarra explotó. No me acerco a la cocina y no lo digo con orgullo intelectual. No saber cocinar algo es muestra de poco nivel cultural. La gente culta sabe cocinar, porque la cocina es una forma de crear un ambiente.

M S: Pero comes bombas, como las que preparan en La Cova Fumada de la Barceloneta, y platos de callos, con esa sonrisa tuya que es pura cultura.

Arturo San Agustín: Reconozco que los callos me gustan.

M S: ¿Vinos blancos o tintos?

Arturo San Agustín: Últimamente los blancos. Además, un día me dijo uno que sabe de vinos, pongamos que en Vega Sicilia, que lo realmente difícil era hacer un vino blanco.

M S: ¿Te sirve para acompañar platos de cocina de autor?

Arturo San Agustín: Insisto en que me gustan los platos sencillos. La cocina compleja puede defraudar, cosa que no harán las rectas tradicionales. Nunca me han traicionado los platos de las madres. He viajado, como hacen los periodistas, por muchas partes del mundo, y la cocina tradicional bien hecha, en Italia, en España, siempre da buen resultado. Ojo, no en todos los países hay cocina tradicional. A veces hay tanta pobreza que no se pasa del plátano. Pero en los países del mediterráneo, el recetario popular siempre tiene sentido.

M S: No obstante,  existe un amplio movimiento culinario que ha tenido notable influencia en la manera de entender la cocina actual, con aportaciones importantes y notables errores.

Arturo San Agustín: Es algo que ha sucedido en el mundo culinario durante todo una década. Han sido 10 años en los que no se ha sabido exactamente hacia donde se orientaba la cocina. Han faltado pontífices. Un pontífice no es el que pontifica, si no el que tiende puentes, el que sabe establecer diálogos entre un extremo y otro. Es el que ha de valorar de dónde va, hacia dónde se dirige la cocina, debe explicar sus olvidos y sus creaciones. Tú eres el pontífice. No yo, ni otros. La gastronomía solo la pueden divulgar gente que saben de lo que escriben y no fantasmas que se mueven por las redacciones. Un fantasma tiene la obligación de mover la sabana, pero no la capacidad de explicarnos que esta pasando dentro del mundo de la cocina. Tú deberías hablar más de lo que hablas.

M S: Lo hago en los medios que tengo, o dónde puedo.

Arturo San Agustín: Y algunos de ellos son excelentes, como tú pagina web, que es muy calida. Se de los elogios que le ha dedicado un actor inteligente, como es Juan Echanove. Pero tu y unos pocos periodistas gastronomicos debéis explicarnos lo que ha pasado y lo que puede pasar en este mundo que ya hemos quedado que es cultura. Añado, ser pontífice no es fácil, pero alguien tiene que actuar de puente entre las orillas gastronomicas, alguien que nos explique lo que pasa en este mundo. Y me refiero a ti concretamente.

M S: No me queda otro remedio que tomar mi vino y meditar sobre lo que me estas diciendo, sabiendo,  que tras esa sonrisa tuya que aterroriza a tantos, se esconden muchas razones.

Arturo San Agustín: Que nos explicaremos en una próxima copa, en la que espero me desveles y desnudes muchos aspectos de la cocina. Por cierto, sales en el libro, La nena de Leopoldo, como un periodista casi francés….

MS: ¡ Lo sé! Como sé que te gusta beber en porrón, una trasgresión total.

Arturo San Agustín: El porrón te hace mirar al cielo y creer en Dios, y si no, creer en la razón.