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Dos días antes de su muerte, recibí desde el correo personal de Jose Saramago, un enlace con la  Fundação José Saramago  para que pudiera ver un video en el que se denuncia la impunidad de los crímenes franquistas. El señor Saramago, que había tenido la amabilidad de leerse mi novela La memoria muda, ha sido uno de los últimos representantes de una generación de escritores comprometidos. Se puede estar o no deacuerdo con sus ideas, pero si es seguro que en Jose Saramago siempre encontraremos una critica lúcida de la presión que el poder ejerce sobre el hombre. Tener presente este tipo de posicionamientos es especialmente importante en un país como el nuestro, minado por el vicio de dar sistemáticamente la razón al que manda, ya sea a nivel político o meramente gastronomico. En este reino de reinos, cada partida tiene un tirano particular que reparte aguinaldos, por lo que sus fieles seguidores tienen marcada tendencia a liquidar a aquellos que no son del mismo pelaje. Se consigue así una uniformidad que nos viene de lejos. Ya don Miguel de Unamuno,  en el siglo pasado, escribía sobre la charca nacional en la que los renacuajos están ordenados por el tamaño del rabo.
La escasa capacidad critica entre la que vivimos puede resultar angustiosa en el mundo de la gastronomía y los vinos. Por una parte se ejerce una supuesta crítica que no es más que un comentario teñido de rabia. Lean la mayoría de textos que inundan los blogs y observaran este tipo de puñaladas. En uno de ellos, no mencionaré el firmante para no dar publicidad a un conde drácula de pacotilla, se escribe que, un día que el interfecto se encontraba mal y no pudo ir al trabajo, se dedicó a visitar un restaurante que deja al nivel de una suela de zapato. Esto no es crítica, si no ejercicio individual de la posibilidad de escribir un rebuzno, entre otras razones, porque si el caballero no estaba en condiciones, lo que tenía que hacer es quedarse en casa. Otro ejemplo, un restaurador con establecimiento en Barcelona, de débil cocina y escasa educación, carga contra sus colegas, olvidando que no se puede juzgar cuando se es arte y parte.
En otros muchos textos, algunos de ellos escritos sobre papel, la falta de información previa sobre lo que se juzga es tan lamentable como patética. Dan ganas de preguntar sobre cuantas veces el periodista gastronomico ha comido caliente antes de juzgar el plato que toca. Claro que si toca un plato políticamente correcto, la crítica no dejará una sombra de duda, es decir las dejará todas.
El dominio de la prensa culinaria y vinícola por unos pocos queda patente en un escrito publicado en La Vanguardia del 18 de junio, firmado por Sergi Pàmies. El autor del artículo titulado  Contra Parker,  no es un gastrónomo oficial, aunque sea un fino gastrónomo. No se gana la vida dando notas y puntos, si no que escribe sobre todo lo que sucede en una sociedad que no acaba de gustarle. El autor de: Si menges una llimona sense fer ganyotes, ha leído atentamente el libro de la escritora Alice Feiring, titulado : La batalla por el vino y el amor, que lleva como subtitulo : Como salvé al mundo de la parkerización. El discurso de doña Alice, puntualizado por Pàmies, no tiene desperdicio: “Parker ha abducido a los viticultores riojanos y  solo la bodega Lopez Heredia mantiene sus principios. Diagnostico: abundan los taninos artificiales, se practica la microxigenación, la irrigación se manipula, los caldos envejecen prematuramente, se abusa de la hipermaduración, se reducen las teclas del paladar a las más simplistas y se establece un canon represivo de sabores”.
Hay más, Pàmies nos recuerda en su artículo otros muchos juegos con los que se consigue la uniformidad a partir de la cual se otorga una nota que es el pasaporte para vender en Estados Unidos. Desgraciado de aquel que tenga que vivir entre bodegas y periodistas, si hace los mismos comentarios que Alice Feiring. Los acólitos del pensamiento único, los monaguillos de los jefecillos, acabaran rápidamente con su trayectoria de comentarista liberado de perjuicios y pactos,  a la manera de Saramago.


Miquel Sen

http://www.josesaramago.org/detalle.php?id=832