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EL TEMAMACARRONES RELLENOS DE CARRILLERAS, LA RECETA DE LA XARXA, Y EL VINO FINCA GARBET DE PERELADA. POR MIQUEL SEN

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Salmón noruego con malas pulgas [ Ir a EDITORIAL ] [ Volver ]
 

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Hasta hace una semana consumía con cierta periodicidad salmón ahumado noruego. Inocente de mí, había memorizado los hermosos fiordos, las casas tan bien pintadas de Bergen. Daba por supuesto que en este idílico paraíso todo era color de rosa, hasta el salmón. Pero un reportaje emitido por FR3, realizado por los periodistas Jean Pierre Canet, Romain Icard y Caroline Benarrosh, me ha hecho cambiar radicalmente de menú.
Desde hace dos años en Europa esta prohibido el uso de un insecticida poderoso y toxico, el diflubenzuron. Lo esta especialmente en el medio acuático, porque es mortal para los pescados. Noruega, no forma parte de la comunidad Europea, con la que mantiene tratados de libre cambio. Además de esta libertad comercial, los noruegos han descubierto que este producto toxico les es muy útil para acabar con las pulgas de sus salmones de granja. Si señores, en las granjas atiborradas de salmones, superpobladas como gallineros industriales,  han aparecido plagas de pulgas marinas, que colonizan la piel de los pescados. Primero aparecen unas manchas marrones, luego unos agujeros en la carne que dificulta la flotabilidad de los salmones, que acaban infectados por bacterias y virus. Luego, la naturaleza es sabia y castiga las grandes aglomeraciones de individuos, les llega la muerte. Muchos caen en la cárcel acuario, los demás se venden sin piel, bien fileteados para acabar en nuestros platos.
Para luchar contra la pulga se utilizaron antibióticos repartidos a saco. Se consiguió que pulgas y bacterias fueran resistentes a los antibióticos. La gran idea ha sido hacer del diflubenzuron una arma infalible para poder seguir vendiendo las más de 600 000 toneladas de salmón que comercializa Noruega. Cara a conseguir que el producto, un insecticida líquido altamente tóxico sea asimilado por el salmón, se integra en una cola que se añade al pienso, o, sencillamente se vierte a lo bruto entre las redes de los tanques de  las granjas, desde donde fluye por la corriente del fiordo, acabando con todo bicho viviente.
Por lo visto el salmón aguanta el palo, dentro de lo que cabe, porque en cada tanque mueren unos 300 salmones diarios durante la semana de tratamiento, de un tratamiento que los salmones eliminan con las heces, que van a parar al fondo marino, destruyendo a su vez flora y fauna. Cualquiera de los pescados que quiere alimentarse de los piensos que se esparcen a voleo en la superficie de los  tanques, muere en pocos días. El doctor Franc Nielsen, un especialista en la cría de salmones de granja, dice que no sabe que repercusión puede tener este tratamiento en el ser humano: sencillamente, nadie ha realizado un estudio, porque los grupos de presión de la industria de salmón noruego mandan, o son, el gobierno. Más aun, los lobbys de poder están presionando para aumentar el número de granjas, ahora que el salmón ha entrado en el siglo del sushi global y en los parámetros de la cocina del congelado. El tema se complica cuando distintas asociaciones ecologistas, de nivel científico probado, publican las fotos de los pescados monstruos que no acechan, camuflados inocentemente en las estanterías de los supermercados, en el corazón de los filetes de salmón precocinados. De todos estos horrores, los más impactantes son bacalaos de granja con deformaciones morfológicas que les impiden cerrar la boca, un espanto del mismo calibre que sus panzas, parecidas a balones flotadores.
Aun así, no pasa nada. El ministro francés correspondiente dice, desde su magnifico despacho, todo madera y porcelana clásica, que el no piensa comer el salmón, del que los autores del reportaje le presentan una analítica terrorífica,  aunque confía que todo se arreglará durante las conversaciones que mantendrá con su colega noruego. Lamentablemente en ellas no se recitará aquel poema que dice Poderoso caballero es don dinero. Así que ya entenderán el porque de mi opción personal de dejar el salmón noruego hasta que me garanticen que se cría y reproduce como un ser vivo, lleno de la dignidad que da ser un ser vivo.

Miquel Sen