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En la trágica semana en la que se nos ha mostrado claramente la indiferencia brutal de los españoles ante la política, al extremo de situar a la fabulosa Belén Esteban como posible candidata a una carrera política que ni ella misma desea, hemos visto y leído de todo. Por una parte los representantes con voz y voto de la prensa gastronomica, tenemos en nuestro poder las latas de Querida Carmen, cocer y cantar, formula de cocina express para aquellos que no saben cocer ni cantar Querida Carmen, que suena a lo mejor del franquismo, a perlas de nuestra señora, a cacerías del régimen del general, es la gran novedad de la cocina inmediata. Se presentó en sociedad como dios manda, es decir con el glamour de los periodistas gastronomicos, incluidos aquellos  que escriben la palabrota y se quedan tan contentos, convencidos de que el taco es puro ingenio, o revolución del lenguaje. Ya tenemos una formula de cocina rápida, que, los dioses nos protejan, es absolutamente tradicional, es decir tan poco revolucionaria que sorprende en una España que basa su escasísima cultura en la creatividad, una palabra que, de tan repetida, suena a palabra  trasnochada, algo así como los potes de Querida Carmen, tan bonitos de diseño, tan útiles cuando el mundo no nos trata con el cariño que merecemos y recordamos que con un alioli y una fideuá casi todo se olvida, hasta el nombre de la copla. Con un arroz negro, rápido en el plato, un arroz que se deja comer, no podemos dejar de pensar que cuando cada diario, cada radio y cada tele cuenta con un nutrido grupo de periodistas gastronomicos que cantan las virtudes de los restaurantes, los valores de ir al mercado y del Km 0, más platos precocinados se venden. Feroz contradicción.
Mientras cantamos a nuestra Querida Carmen y en Telecinco juiciosos comentaristas políticos, bien entroncados con los poderes que reparten prevendas, dan nivel de precocinado a una Belén Esteban que odian con disimulo, Alemania, un país que nosotros consideramos atrasado, no en vano es la locomotora de Europa, se impone como el gran consumidor de la agricultura ecológica. A sus mercados van a parar casi todo lo bio que no encontramos en los de aquí, mientras que en Francia, otro país que miramos por encima del hombro, porque carece de Belén Esteban y de los intelectuales que discursean en Telecinco, anuncia, en paginas centrales de sus más importantes diarios, Le Monde entre ellos, que lo bio va en aumento, con el objetivo de convertirse en el 20% de la superficie agrícola en el 2020. Se explica al pobre lector, que no sabe donde esta situada la finca Ambiciones y ruge el tigre Currupipi, que una producción bio disminuye el rendimiento de las cosechas entre el 25 y el 40%, pero que por ellas se paga dos veces más. Paralelamente el Ministerio correspondiente anuncia su intención de mantener las subvenciones durante 5 años a las empresas y facilitar el acceso a aquellas  que se adapten a estas nuevas formulas. Entre tanto, en  el mejor país del mundo, el de la selección  campeona de fútbol, patria de la prensa rosa y de los intelectuales más sesudos, se buscan las palabras más afiladas para explicarnos nuestra más espeluznante miseria moral, como si fueran el caldo más reconfortante. Lo mismo lo embotellan.

Miquel Sen