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EL TEMATORTILLA DE KOKOTXAS DE BACALAO, LA RECETA DE HADDOCK Y EL VINO NOMÉS GARNATXA BLANCA 2018

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De la misma manera que los europeos que claman por la dieta mediterránea ven con malos ojos las hamburguesas de tres pisos, algunos estadounidenses no tienen nada claro que todo aquello que se vende bajo el marchamo dieta mediterránea sea completamente sano. Dentro de este esquema,  el último palo procedente del nuevo mundo lo ha recibido Nutella, la firma del chocolatero italiano Ferrero, el de los huevos Kinder, de la mano de una madre californiana que pide a la justicia federal prohíba que en las etiquetas de los potes de nutella se diga que la pasta es buena para la salud y equilibrada. Según la demandante una crema tan rica en materias grasas y azucares no puede ser un producto gourmet para niños.
La repuesta de la firma italiana ha sido muy poco precisa, aunque Ferrero haya dicho que el aceite que se utiliza en Nutella es de palma no hidrogenado y que la crema no contiene ácidos grasos trans provenientes de materias grasas vegetales. Aun así la verdad dietética es que en los potes en los que los niños meten la cuchara o el dedo contiene un 31% de lípidos y un 56,4% de glúcidos, lo que hace de esta merienda un producto calórico. Quizás en los años 60, Nutella y su prima hermana Nocilla tenían unas calorías que iban muy bien en épocas de subdesarrollo muscular. Ahora son otros tiempos.
Tras las cremas de avellanas y azúcar, color cacao, aparecieron los huevos kinder que aportaban una carga sentimental que liberaba a los padres de las muchas horas de ausencia de un hogar en el que los chicos hacían lo que querían con los potes de nutella. Tanto es así que la merienda tradicional, el pan de verdad y el embutido de calidad se olvidaron como cosa anticuada. El prestigio de lo dulce, si además es fácil de manejar y tiene una textura blanda, se impone a cualquier otra merendilla. Tan impactante es el efecto sentimental que provocan las cremas de chocolate que cada vez que alguien crítica Nutella se genera una queja universal, una onda expansiva, sobre todo en facebook, dónde la pasta de chocolate que no es de chocolate tiene 7,5 millones de fans. Solo en Francia los expertos calculan que cada día se preparan 12 millones de rebanadas de pan bien untadas de Nutella. En España no hay estadísticas fiables, pero debemos andar por números próximos, tanto de pan cubierto con Nocilla como de huevos Kinder. En nuestro país los niños siempre han tenido la golosina como consuelo, el caramelo y la gominola como paga azucarada con la que se rompe la tan cacareada dieta mediterránea. El Kinder cumple a nivel espiritual el papel que en el plano físico corresponde a las tiritas: contra rasguños y heriditas, tiritas. Los genios de la publicidad juegan con esta faceta, dejando al margen si es saludable o no que los más jóvenes  tomen tantos buenos Kinder buenos.
Como no tengo espíritu censor, no me parece mal, ni criticaré, que los más jóvenes extiendan la crema achocolatada. Más miedo me da la sustitución del bocata de nocilla por la bollería industrial acompañada de la clásica bebida efervescente, siguiendo un ritual que no responde a más horario que el del apetito desordenado. En este caso, y si alguien quiere hablar de dieta mediterránea de verdad, debería dejar de criticar chocolatinas y hamburguesas para buscar la autentica dimensión de la tan citada dieta: comer y cenar en familia dentro de un orden de horario preciso y con un control parental muy concreto de a que edad pueden introducirse en la dieta los distintos alimentos. Que los más jóvenes sean los reyes del supermercado, que puedan saquear la nevera cuando les de la gana, es mucho más peligroso de que se coman una cucharada de mas de una crema que puede ser buena o mala, según la cantidad que se consuma. Hasta lo dicen los  científicos: El doctor Lecerf, jefe del servicio de nutrición del Instituto Pasteur de Lille ha sentenciado, “no hay alimentos malos para la salud, todo es cuestión de dosis”. Madre de Dios, tanto estudiar para llegar a esta conclusión.

Miquel Sen