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EL TEMAMasqueta d arròs, la receta de Ca l Eulàlia, y el vino Chivite Las Fincas Rosado. Por Miquel Sen

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Cada día resulta más difícil vivir y cocinar en una burbuja dorada lejana a la realidad que envuelve cada uno de los ingredientes que utilizamos. Por un lado nos acucia el deseo de comer salmón, pero por otro nos viene a la memoria el desastre de las granjas noruegas, llenas de pescados deformes. Apetece comerse un pato con aceitunas, a la provençal o a la empordanesa, pero la imagen de los patos sometidos a la tortura de unas jaulas impropias puede quitarnos el apetito. Deacuerdo en que existe toda una batería de cocineros y literatos que no quieren entrar en estos temas, pero la compra responsable está ahí, por mas que intentemos endulzarla contándonos que somos los mejores y que seremos aun más grandes exportando tapas.
Mientras no nos preocupamos de la ínfima calidad de las tapas y pinchos que se venden en una gran mayoría de bares de España, con excepciones que son de pura justicia, se nos acumulan los problemas morales ligados a la alimentación. Un negocio impresionante que mueve millones, tantos como para financiar ejércitos y mercenarios. Estos días, tras un largo impasse, se está dando la batalla final en Costa de Marfil.  Hagamos memoria: En este país africano, el mayor productor de cacao a nivel mundial coexisten dos presidentes, el derrotado por las urnas Laurent Gbagbo y el reconocido por los votos y la comunidad internacional el señor Alassane Ouattara. Mientras se observaban frente a frente, el demócrata encerrado en un hotel protegido por los cascos azules, el precio de la tonelada de cacao alcanzó la máxima cotización mundial. El día 4 de marzo llegó a pagarse a 3775 $ en la bolsa de Nueva York . En estas fechas  Ouattara había lanzado un llamamiento a la detención de las exportaciones, un tema al que respondieron positivamente los grandes negociantes de cacao.
Pero en Costa de Marfil estaban muy bien guardadas 400 000 mil toneladas de habas de cacao, por lo que el presidente que no quiere marcharse dio la orden de que se pusieran a la venta. Resultado, la baja del precio del caco y la perdida de un arma poderosa para el presidente entrante. Entre tanto, mientras se baraja el quien es quien del cacao, la cosecha parece va ser muy buena, debido a las condiciones climáticas favorables. Según la máxima representante del sindicato del chocolate, Florence Pradier, tanta incertidumbre provoca un extremo nerviosismo en los mercados. Así pues se nos acabo el buen gusto del cacao, considerado como una droga permitida que calma los nervios. Ahora el cacao es estresante. Ya lo era desde que se dictaron leyes que permitían el chocolate sin cacao y ahora se nos complica el postre, pensando que con cada bombón estamos apostando por una bomba en manos de uno u otro presidente. Se acabó definitivamente con la figura del gastrónomo diletante, porque nos no queda otro remedio que revisar a diario nuestro listado de tiendas de comercio justo. Y habrá que hacerlo con mucha atención, no vaya a ser que el caco nos llegue de manos de un dictador bendito por el comercio internacional, ese que da balas cuando el precio del caco tiende a ponerse por las nubes.

Miquel Sen