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EL TEMATRINXAT DE MAR Y MONTAÑA, LA RECETA DE LA TAVERNA DEL CLÍNIC Y EL VINO CHIVITE COLECCIÓN 125 BLANCO.

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Medallas , Oros, plata y bronces [ Ir a EDITORIAL ] [ Volver ]
 

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Unos dicen que fue Lenin, aunque muy probablemente la decisión fue de Trotsky. A el se debe que todos los soldados de los ejércitos soviéticos lucieran una estrella roja que los diferenciaba de los soldados del ejercito blanco zarista. El único problema de tan magnánimo reparto fue que hubo que inventarse otras estrellas para distinguir entre soldados y oficiales.
En el mundo del vino parece que se hayan colado las directrices leninistas. Últimamente los periodistas del gremio enólogico no cesamos de recibir informaciones sobre las medallas que lucen los más diversos vinos, ganadas en el campo de batalla de las ferias vinícolas mas dispares. Porque no hay certamen que no reparta oros, platas y bronces con una generosidad total. Para que cada vino tenga su premio, como si fuera una fiesta de un fin de curso infantil, se separan los vinos en todas las categorías imaginables. Así cada botella, cada bodega tiene opción a unos galardones que, en principio, le han de servir para impresionar al publico y de esta manera aumentar el numero de consumidores, alias de ventas, con las que será más fácil pagar al año siguiente la participación en la feria, que repartirá, con igual generosidad otro puñado de condecoraciones. De momento parece que el negocio funciona, porque en este mundo en el que el conformismo es la regla, nadie se ha preocupado en señalar que, contra algunas medallas que valen su peso en oro, el resto es puro latón.
Pero resulta que el consumidor no es tan tonto como los sabios pretenden y hace tiempo que ha entendido la perversa relación entre diplomas, puntuaciones, críticos y bodegas. Es la teoría del premio que desvirtúa la calidad de los premiados, aunque en muchos casos estos se merecerían una distinción digna, no en concursos en los que, Baco nos proteja, nunca hay un primer puesto desierto. Queda también por enjuiciar el valor de todo el oro que reluce, sabiendo que el consumidor no se va a tragar con el mismo placer la medalla de un vino de una denominación, o de un país vinícola emergente, que otra de una D.O que nunca mejor dicho, podemos decir de acrisolado prestigio. El aluvión de medallas es tan grande que causa el mismo terror que las infinitas estrellas rojas del ejercito soviético. Unas condecoraciones que a la larga, acaban vendiéndose en los mercadillos de viejo. Son estas ferias un negocio que me obliga a meditar: Lo mismo un día de estos me hago gurú del vino y mejoro definitivamente mi economía repartiendo oros, platas y bronces. Así daríamos otra vuelta a la noria.


Miquel Sen

Artículo publicado en la revista Vinos y Restaurante