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La película El tercer hombre tiene un gran argumento, una intriga que lleva a Orson Welles a perseguir falsificadores de frascos de penicilina por las cloacas de la Viena de la posguerra. Dentro de este clima cinematográfico, se ha descubierto en Burdeos un fraude que podría dar origen a un guión de serie negra, con ramificaciones que alcanzan nuestro país. Como sucede en las grandes películas que son imagen de la realidad, el delito lo descubren los inspectores de hacienda. Igual que con Al Capone. Controlando la contabilidad de un elaborador, los del fisco descubrieron unas facturas por la compra de un antibiótico fungicida, la natamicina, potente producto cuyo uso solo se tolera para proteger la superficie de algunos quesos. En Europa está estrictamente prohibido añadirlo al vino, una practica que permite su mejor conservación. El caso es que el bodeguero de Barsac compró el producto en España, via internet y le dio curso en unos 300hl de vino, muchos de los cuales corren por el mercado. Cuando el tribunal le recordó que el producto es toxico, causa nauseas y diarreas, el acusado respondió que era una practica que le habían explicado y que al fin y a cabo se vendía en España, en la comunidad europea.
Su abogado defensor apoyó esta tesis diciendo que en los vinos de Australia y Argentina también se utiliza. Es decir, cuando llega a Europa el antibiótico de marras, disuelto en el vino, deja de ser toxico y no merece análisis por parte de algunos de los estamentos que pagamos entre todos. Para añadir leña al fuego recordó otro fantástico fraude que ha tenido lugar hace poco y que por fortuna afecta a unos escasos productores que decidieron eliminar el mal olor de unas cubas de vino de Sauternes añadiéndoles leche, eso si leche entera. Se trataba de salvar unos 511hl , considerando que primero esta el negocio y que lo ultimo es el respeto al consumidor. Los 14gr de leche por hl son poca cosa al lado de la cantidad de antibiótico comprado via internet, con el que se podían tratar 3000hl de vino.
Si estas reseñas de crónica de sucesos tienen el gusto amargo del fraude, de la terrible indefensión del consumidor ante una agricultura que, salvo notable excepciones,  sigue anclada en criterios de máxima producción, de todo vale, la siguiente que les cuento podría dar origen a una película de humor. La historia comienza cuando los inspectores de hacienda, otra vez los chicos antifraude, descubren que en un solo colmado de la población de Sainte Croix  du-Mont se vendían 157 toneladas de azúcar, lo que equivaldría el consumo anual de una población de 10 000 habitantes. Lo curioso era que el pueblo citado no llega a los 900. Otra curiosidad era que se vendía únicamente en sacos de 20kg, mientras que si hubieran pesado 5kg  más, ya era necesaria la factura. La dulce señora del colmado dio como primera explicación que en el pueblo eran grandes aficionados a elaborar confituras. Ya en el tribunal confesó que el azúcar se vendía para añadir al vino, para chaptalizar, un chanchullo  al margen de la ley, ya que esta grava con un impuesto del 30% a todos aquellos que lo practican, siempre con el consentimiento previo de las autoridades vinícolas. Una vez más volvieron a salir todos los fraudes permitidos, como mejor disculpa de la acusada. El resultado final de esta comedia, con argumento de cine italiano de los años 60  en la que las abuelas cargaban alegremente sus sacos de 20kg, para hacer 40kg de confitura diarios, siempre en tiempo de vendimias, ha sido una multa de 5000 euros para la autora de un fraude mas o menos inocente si lo comparamos con el de la natamicina. Por cierto al autor de este último se le confiscaron 500hl de vino y se le dejo en libertad, porque las condenas de dos meses no se cumplen. Eso si, en las botellas de todos nuestros vinos ha de quedar claro que contienen sulfitos.  

Miquel Sen

Enero 2012