ACTUALIDAD
QUIEN ES MIQUEL SEN
EDITORIAL
CRÓNICAS
NOTICIAS
LOS TEMAS
ANÁLISIS
RESTAURANTES
BUENAS OPCIONES
VINOS Y RESTAURANTES
LUGARES CONCRETOS
BODEGA
PRODUCTOS
RECETAS
RECETAS HEREDADAS
Y ADEMÁS
LINKS DE INTERÉS
ARTÍCULOS EN CATALÁN
CONTACTO
PORTADA









EL TEMATORTILLA DE KOKOTXAS DE BACALAO, LA RECETA DE HADDOCK Y EL VINO NOMÉS GARNATXA BLANCA 2018

Miquel Sen en LinkedIn

Siguenos en TwitterFacebook


Share
Menéa esta página

¿Nos merecemos un premio? [ Ir a EDITORIAL ] [ Volver ]
 

Twitter

Facebook


Seguidor a cierta distancia de la obra literaria y periodísticas del señor Javier Marías, ha sido para mi una sorpresa que rechazara el Premio Nacional de Narrativa otorgado por su novela Los enamoramientos. El hecho de que en este país de fanfarrias alguien rechace un premio es algo tan inusual que se merece, como mínimo, el premio de la reflexión.
Todos sabemos que vivimos en el país de los mejores del mundo, de los números uno incuestionables. No hay revista del sector, gastronómica o enológica, que no refleje día a día, edición a edición, lo maravillosos y únicos que somos. Nadie tiene el pudor de pensar que cuando alabamos al máximo la virtudes de uno, dejamos al margen las de los demás, siguiendo un criterio difícil de justificar. De aquí que en esta revista digital hayamos huido de las puntuaciones. Si la critica es complicada, casi imposible, decidir algo así como un listado de perfecciones es un ejercicio de soberbia. Cuando estamos estableciendo un orden numeral, olvidamos otros ordenes, o otros criterios igualmente validos para clasificar fogones. En el preciso instante en que doy mi voto a uno de mis restaurantes amigos, en Oriente, en China, seguro que un chef esta practicando una receta que raya la perfección del Tao, de la que este cronista no tiene la mas remota idea.
Mientras aplaudo al señor Marías por haber dado esquinazo a un premio, pienso en los miles de medallas y puntuaciones próximas al 100 que adornan el mundo del vino, en su versión más publicitaria. Si el Gotha de la restauración occidental lo deciden una panda de amigos, muchas medallas vinícolas de oro y de plata responden a fidelidades económicas con determinados grupos de presión. Sabiendo lo que sabemos, hacer caso, o no, de estos premios nos puede llevar a establecer otros, tan validos como los primeros. Convencidos de que no hay criterios matemáticos para aplicar en el mundo del gusto, seguros de que sólo somos los primeros en paro, destrucción de empleo, número de ni nis y fracaso escolar, podemos dar rienda suelta a nuestra subjetividad, concediendo laureles a aquellos que nunca los tendrán, porque viven y trabajan lejos del poder, de la banda de los cuatro dirigida por el Gran Timonel. Así daremos vida y conocimiento publico de gentes que también se lo merecen, por ejemplo los muchos viticultores que están huyendo desde hace años del concepto tan a la moda de vino de autor, para otorgar el primer plano a viñas y variedades que no están en la escala de las mejores del mundo. Por estas y otras muchas razones, concedo mi Premio personal a todos aquellos que trabajan viñas viejas como, saliendo de este país, la Vermentino, la Rolle de Provenza, el Trebbiano, alias Ugni Blanc, gentes que conseguirán hacer parcelas con gustos propios, dentro del mundo unificado por un mismo criterio. Mientras entrego este premio mental, juro no escribir jamás que aquel, o aquel otro es el mejor del mundo. Lo hago precisamente por respeto a los muchos que son los mejores del mundo, a la sombra.

Miquel Sen
Octubre 2012