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Rudy Kurniawan, uno de los más reputados negociantes de vinos de Estados Unidos, coleccionaba coches de lujo y grandes botellas. Su fortuna ha crecido gracias a las subastas que realizan las grandes firmas especializadas de Los Ángeles y New York, donde un publico amante de las botellas únicas se deja la piel de la cartera por poseer un Château Lafite Rothschild, un Latour o un viejo Margaux. Certificadas por un sabio, proporcionaban al vendedor y al comisionista, es decir a la casa de subastas, auténticas fortunas.
El negocio marchaba viento en popa. El gángster del vino se hacían traer de Francia las mejores botellas vacías que podían encontrar. Luego las rellenaban con tintos económicos, y si era necesario, con una impresora no muy sofisticada, reproducían una etiqueta prestigiosa. En el año 2006 por una falsa botella de Romanée-Conti se zampó 12 995 $, mientras  otros dos pájaros, Daniel Oliveros y  Jeff Sokolin se lanzaban a la venta de magnum de Petrus más falsos que un duro sevillano. Entre tanto Bill Kaoch se ganaba una fortuna vendiendo unas botellas de Lafite 1787 gravadas Th.J, iniciales del mismísimo presidente Thomas Jefferson. Cuando algunos de los compradores se decidieron a catar los vinos, el escándalo saltó hasta los despachos del FBI, más aun cuando en la Bodega de Borgoña Clos Saint Denis, que elabora el Domaine Ponsot,  se recibió un catálogo en el que anunciaba la venta de 84 botellas de la añada 1929 por un total de 600 000 $. El problema residía en  que los primeros vinos que se embotellaron en esta firma datan de 1934. Una memorable metida de pata de Kurniawan con un millesimé falso que la casa detectó a tiempo.
En el instante en que un fraude alcanza tal magnitud y compromete a un mundo tan amplio, es difícil encontrar una solución. En este escándalo son muchos los que han ganado una pasta. Además, los que se han dejado engañar no tienen ganas de perder la cotización de su colección diciendo que esta trufada de fraudes. Unas practicas que no solo se aplican en las grandes subastas, si no también en prestigiosas firmas de venta de vino on-line. Por ejemplo el Magazine 1855 ha estado vendiendo Château d’Yquem 2012, una añada que el famoso château de Burdeos no comercializó, entendiendo que la cosecha no tenia la calidad exigida por sus rigurosos enólogos El escándalo puede tener continuación gracias a una botella que se ha inventado Goût de Diamants, una joya que cuesta 1,4 millones de euros la unidad, a base de la unión hortera de oro, cristal de Swarovski y un puñado de diamantes.  Seguro que en un próximo catalogo un “experto” venderá un ejemplar a base de latón y lagrimas de cristal de una lámpara vieja. 

Miquel Sen

Artículo publicado en la revista Vinos y Restaurantes nº 131