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EL TEMAMasqueta d arròs, la receta de Ca l Eulàlia, y el vino Chivite Las Fincas Rosado. Por Miquel Sen

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No es necesario ser el más listo del grupo para saber que sin controles, sin una trazabilidad estricta, una mayoría de los ingredientes que comemos a diario está tocado por la corrupción, en forma de hormonas y de otras trampas que proporcionan un ciento por uno que nada tiene que ver con las propuestas del Evangelio.
El último escándalo lo está generando la hormona BST, un negocio consistente en inyectar este agente en la vacas para que produzcan más leche. Esta hormona se conoció a medida que se afinaron los análisis de las sustancias que, de una manera natural, secretaba la glándula pituitaria de los bovinos. El siguiente paso fue sintetizarla, producirla industrialmente para poder inyectarla a reses que, estimuladas por la droga, recompensaban al ganadero produciendo unos 5 litros de leche más al día. Una vaca dopada hasta el rabo llegaba a los 45 litros diarios. Si se le inyectaba dos veces al día, el negocio prosperaba para gloria de Monsanto, una de las multinacionales elaboradoras de este producto sin par.
De una manera casual, en un control en el aeropuerto de Barcelona, se ha descubierto un fraude inquietante en muchos aspectos. Uno de ellos tiene una faceta moral: como a los productores se les paga una miseria por el litro de leche, se les empuja a buscarse la vida con todo tipo de trampas. Al agricultor le proporcionaran unos céntimos de euro y al industrial de la droga unos millones. Algo así como lo que sucede con la coca, un negocio de miseria para los campesinos y una riqueza indignante para los señores de los cárteles.
Lo malo de la somatotropina bovina, la BST es que no es buena para la salud del consumidor. Evidentemente los estudios pagados por las multinacionales no son concluyentes, pero los efectuados por laboratorios europeos independientes han logrado que esta sustancia esté prohibida en la Unión Europea.
Un impacto más que nos hace difícil saber lo que estamos comiendo, porque es prácticamente imposible seguir la pista de esta leche hormonada entre yogures, quesos, helados y leche en polvo para bebés, que corren el peligro de convertirse en gigantes con pocas dosis. Una ironía que no puede hacerme olvidar que el final de estas vacas será  convertirse en entrecotes y chuletones a los que habrá que añadir, dentro de su historia vital, piensos transgénicos y todo tipo de miserias proyectadas para mayor gloria del único dios que rige nuestro mundo: el dinero.


Miquel Sen 


Una vaca amarilla y feliz en medio de la naturaleza. La temática de este cuadro es muy particular, una idea propia y una expresión muy fuerte hacia unos valores olvidados: el amor a la vida natural y el amor a los animales.


La vaca Amarilla de Franz Marc