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EL TEMAMasqueta d arròs, la receta de Ca l Eulàlia, y el vino Chivite Las Fincas Rosado. Por Miquel Sen

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Escribía Jorge M.Reverte el pasado jueves que este país resulta ser de una mansedumbre sorprendente, dada la brutal coyuntura en la que intentan sobrevivir sus habitantes. Tiene razón el periodista y esta teoría  podría aplicarse al mundo de la gastronomía. Como el tema es muy amplio, me limitaré a señalar la afectación cómoda de los infinitos premios y títulos que se otorgan dentro de este espacio geográfico que llamamos España. Dejo para otra ocasión un aspecto especialmente irritante que aparece en los medios bajo el titulo “el mejor del mundo”. Tenemos el mejor cocinero del mundo, el mejor pastelero del mundo, el mejor maître del mundo, el mejor queso del mundo, no sigo con el palmares, sabiendo que seguro también disponemos del mejor comedor de flanes del mundo, en un mundo en el que nuestros universitarios figuran como neuronas en libre comercio, a la espera de encontrar sustento físico y intelectual en cualquier otra parte de ese mundo en el que somos los mejores.
Esta autocontemplación sin más criterio que la satisfacción primaria del ego de algunos alcanza también a los detentores de los premios honoríficos. Se hace Reina del Cava a una bella y a los dos minutos el mismo rostro, la misma boca que había jurado fidelidad a tan noble bebida, se pega un lingotazo de una cerveza que arrasa con la tradición de brindar con cava para dar la bienvenida al nuevo año.  Es igual, lo importante es que salga en la foto, en el cutre programa de la tele, en el telediario dónde salen los mismos, porque son los mejores del mundo.
Mansamente asistimos a un despliegue de la brutalidad moral. Se celebra hace unos días la Fiesta del Cocido de Lalín.  El titulado y premiado pregonero es Eduardo Punset. Nada que objetar a un hombre tan optimista y tan visto. Incluso sabe encontrar virtudes eternas en el pan de molde, como si este fuera la ostia. Es una reiteración que hace tampoco creíble el sistema que en las mismas fechas en las que Reverte escribía su artículo en El País, Ramón de España, en El Periódico de Catalunya, anunciaba que cada vez que en la pequeña pantalla ve las caras de siempre utiliza el mando para liberarse de las pesadillas.
Como me encuentro dentro de este grupo que podríamos clasificar de no podemos más, imagino un mundo feliz libre de los mejores del mundo, en el que el pregonero de una fiesta de cocidos fuera aquel que más y mejor ha trabajado para conseguir  un botillo delicioso, ahumado con notable perfección. Pienso en que no giraría la pagina si viera la imagen de un científico exiliado en Estados Unidos o Alemania luciendo una insignia de gloria por ser difusor de las virtudes del cava entre sus nuevos conciudadanos. Seguro que recordaría su sonrisa sin el problema de saber que demonio me estaba vendiendo hace unos minutos, cuando, a tanto la palabra, daba leña en otra cadena que lo había contratado por ser el mejor del mundo.   

Miquel Sen


 

El resultado de la mejor operación de cirugía plástica a cargo del doctor Tipex, el mejor cirujano del mundo