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EL TEMAMasqueta d arròs, la receta de Ca l Eulàlia, y el vino Chivite Las Fincas Rosado. Por Miquel Sen

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La era del hombre abeja [ Ir a EDITORIAL ] [ Volver ]
 

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El mundo de las abejas me fascina desde que un día en la escuela un profesor nos leyó unas paginas del libro de Mauricio Maeterlinck sobre la compleja vida de estos insectos. La experiencia finalizó con una práctica exquisita: chupar un panal lleno de miel pura. Desde entonces soy adicto a este producto bio y me intereso por la desaparición progresiva de las abejas.
Esta semana el micromundo de la miel ha generado dos noticias impactantes, serias. En un reportaje emitido por la TV2 francesa, un grupo de médicos mostraban como la miel cicatrizaba las heridas y quemaduras en un tiempo record. No era una afirmación de curanderos hábiles en leer la bola de cristal, si no una constatación científica. Paralelamente, en Le Monde, Harold Thibault, enviado especial en Sichuan, comentaba una realidad que da de pensar: la polinización de los frutales de esta inmensa provincia se realiza manualmente mediante hombres abeja.
Curiosamente esta practica humana se debe a la desaparición de nuestras amigas polinizadoras, gracias al uso intensivo de potentes insecticidas. Las causas son múltiples, desde la necesidad de conseguir a toda costa altos rendimientos a la versión política, fundamentada en las teorías de Mao. Como el gran timonel dijo que había que acabar con los gorriones y demás pájaros ladrones del trigo del pueblo, la consiguiente  desaparición de las aves insectívoras llevó a plagas de todo tipo. La respuesta fue pulverizarlo todo.
Ahora que no hay abejas los agricultores chinos se arman de una caja en la que almacenan el polen, se suben a los manzanos y con una varita que tiene en su punta un filtro de cigarrillo, polinizan como abejas humanas. La ventaja dicen, es que fecundan todas las flores. La parte negativa, según los biólogos, es que el rendimiento excesivo es malo para los frutales. Las abejas saben por instinto que flores deben libar. Otra pega reside en que la polinización debe realizarse en muy pocos días. Como un hombre abeja deja preñado un árbol en 20 minutos, se necesita mucha mano de obra para asegurar un buen rendimiento, lo que encarece el precio final de la fruta.
Otra manera de enfrentarse al problema consiste en alquilar abejas que cumplan con su función ancestral. Pero muchos apicultores se niegan a trasladar sus colmenas, porque pierden sus escuadrillas en un combate desigual contra la guerra química.  Parecería que este tema es un cuento oriental si no fuera porque en los grandes valles de California nos encontramos con el mismo problema. Los colmeneros del centro de los Estados Unidos se lo piensan dos veces antes de alquilar sus insectos, porque las estadísticas dicen que en una campaña de “polinización natural” pierden la mitad de su población.
En España no vamos por buen camino. Además de los potentes insecticidas, las abejas asiáticas están diezmando las colmenas. De aquí que sea imprescindible dedicar nuestra atención a todos aquellos que luchan por darnos el sabor dulce con mayor número de matices. Comprar miel de Galicia, del Perelló o respaldar el trabajo que inició Pepe Loeches en La Alcarria es una aventura jugosa con trascendencia en el ecosistema.


Foto Jose Lopez