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EL TEMAMasqueta d arròs, la receta de Ca l Eulàlia, y el vino Chivite Las Fincas Rosado. Por Miquel Sen

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La lengua fuera y las bambas sucias [ Ir a EDITORIAL ] [ Volver ]
 

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Aseguro que no es un juicio elitista, ni un comentario fruto de tener una cierta edad:  En las cocinas y por desgracia en muchas terrazas y salas de restaurantes se ha perdido la buena imagen por culpa de unas prácticas que se están vistiendo de moda. A la velocidad de Internet , algunos cocineros y camareros han decidido que el calzado más adecuado en su trabajo son las bambas y las sandalias. No tengo nada en contra de las bambas. Incluso me declaro fan de unas que luce la cantante Rihanna, en conjunto con su minifalda de vértigo. Ídem para las negras que son atuendo habitual de Karolina Kurkova. Pero he visto en mis muchos años de observador gastronómico demasiadas cocinas pobladas por cocineros con gorros tan impecables como sucias y dejadas tenían las extremidades inferiores.


Zapatillas deportivas decoradas por todas las salpicaduras, que están teniendo como contrapunto el abandono progresivo del calzado limpio en los colegas del servicio directo al cliente. Sorprende encontrar en algunas terrazas de las ciudades más turísticas camareros con los pies envueltos en sandalias que apenas cubren unas uñas del tamaño y color de una pala excavadora. Lo siento, lo mío es nadar a contra corriente, pero con lo punki hay que ir con mucho cuidado cuando su doctrina estética alcanza la mesa. No me parece lógico que, siguiendo una foto de Eistein, los cocineros más pillos se retraten con la lengua fuera, como si este apéndice fuera seductor. Lo puede ser, pero en otras circunstancias, el lector ya me entiende.  No veo ningún atractivo en los chefs retratados de pie sobre las mesas en las que vamos a comer. Una vez más, en este tipo de fotos el calzado tiene poco que ver con la elegancia del de Rihanna,  por volver al ejemplo moderno, ni con los zapatos rojos que lucía Benedicto XVI. Sin costuras y de cabritilla roja, lo que permitió a la prensa decir que eran de Prada. El Vaticano lo desmintió, acusando a los periodistas de banalizarlo todo. L’Osservatore añadió: “El Papa no lleva Prada, lleva Cristo”.


No creo necesario que el servicio que me atiende lleve el mismo calzado que recomienda el Osservatore Romano, pero puedo escribir que me horrorizan los pies sucios de algunos cocineros, los pantalones cortos llenos de piernas peludas de determinados camareros que creen que la sala de servicio es una continuación del muro de Berlín al año de su caída. No me considero un pijo elitista, me gusta la tasca tanto o más que el restaurante de lujo, pero encuentro una muy mala idea bajar la guardia, el listón del respeto y la exigencia hacia aquellos que quieren comer con la máxima discreción, sabiendo que un restaurante no es un circo.

Miquel Sen