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EL TEMATRINXAT DE MAR Y MONTAÑA, LA RECETA DE LA TAVERNA DEL CLÍNIC Y EL VINO CHIVITE COLECCIÓN 125 BLANCO.

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No estoy en contra de los festivales culinarios con fines benéficos, ni de las reuniones que tienen con objeto las tapas solidarias. Por más que me recuerden la fiesta de la banderita puesta al día, entiendo que este tipo de acontecimientos sociales tienen su publico y su repercusión mediática. Al margen de esta realidad, mis incursiones en el mundo de la alimentación apuntan a la materia prima, algo que en un país en el que manda la estética queda siempre en un segundo plano.
Un ejemplo, en Francia y en Alemania es fácil encontrar publicaciones que expliquen como funcionan los mecanismos de la industria alimentaria cara a alterar el peso de los alimentos de nuestra compra diaria. El arma favorita para dar gato por liebre son los polifosfátos que se inyectan en las carnes para fijar agua y ganar peso. El agua es barata, pero una vez se da el cambiazo, inyectándola por ejemplo en una pechuga de pollo, vale unos buenos euros que pagamos a precio de pollo. Es el E450 que permite ganar hasta un 20% en el peso de esa reluciente pechuga que nos espera en el súper. Dicen los expertos, en este caso alemanes,  que 12gr de cada unidad son agua.
Con otros ingredientes pasa lo mismo. En el jamón dulce, en las salsas de tomate y en general en todas las conservas que precisan texturizantes interviene el alginato de sodio, una molécula que puede representar en un plato precocinado hasta un 7% del peso. En principio este incremento parece poca cosa, pero si multiplicamos por los millones  de unidades que se venden en todos los súper mercados de Europa, podemos intuir un fraude de una magnitud incalculable con un beneficio astronómico por parte del fabricante.
Como no es fácil acceder a los códigos de la industria, perdidos entre las letras que no acabamos de entender, la alimentación de la miseria se extiende sin control, pues solo en el caso de que se produzca una denuncia moverá ficha la administración, para decirnos que no queda claro la toxicidad del aditivo. Es una situación tragicómica que enfrenta al consumidor con los poderosos bufetes de abogados que, muy bien pagados, mueven ficha contra los intereses del paladar y la salud.
Me informan vía televisión francesa de que en este país existe una Web en la que se puede leer el contenido de lo que compramos con un valor añadido: nos indican las cantidades reales de los ingredientes que forman parte del paté o del plato a la venta. Resulta una autentica caja de sorpresas en la que queda patente como nos engañan, hasta que punto el cerdo es lo menos importante en un paté de cerdo. Mientras esta es la realidad, en nuestro país nos frotamos las manos de satisfacción cada vez que un gabinete de prensa  nos recuerda que nuestra cocina es la mejor, ya no del mundo, si no del universo, promocionando un evento en el que la materia prima queda en ultimo termino. Al fin y al cabo escribir de lo que comemos es tarea que no exalta la creatividad. Para dar un relumbrón al plato bastan las agencias especializadas en la promoción del tapeo selecto. De lo que se cuece en las fabricas de pollos, vacas, salmones o cerdos ya escriben los aguafiestas.

Miquel Sen