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EL TEMARabo de buey con cigalas: la receta de Can Pineda y el vino Finca Garbet de Perelada

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POR MIQUEL SEN
Una mirada al mundo de la cocina en TV1 me ha llevado a la recuperación de un texto, de una idea a la que solo cabe añadir una ligera puesta al día, dado que en el Master Chef actual se dan dramas idénticos a los de temporadas pasadas. Quizás un poco más subido de tono, más próximo a la teatralidad falsa, que los entendidos llaman astracanada. Exclamen conmigo, porque también se fue Sonsoles del actual programa cazada por el comisario Pepe Rodríguez (vendedora a ratos libres de pienso para humanos). Sonsoles no supo ahumar, gelificar, marinar y gasificar un pato y se marcó una receta bluf. El señor Rodríguez la crucificó: ¨hay muchos defectos en tus elaboraciones, has hecho un plato fallido y malo¨. La pobre Sónsoles no tuvo suficiente con 45minutos para perpetrar el asesinato de una pato. En lugar de darle un premio, fue liquidada con los sollozos pertinentes.
Pero liquidado lo que se dice liquidado fueron una pareja cuyos nombres ya no recuerdo, fusilado el uno por haber cocinado el plato del otro.  La injusticia da mucha audiencia, provoca la ira y el lacrimeo, algo fundamental en el programa de marras. En El Periódico, el crítico televisivo Ferrán Monegal ha pedido ¨que pongan a Jordi Cruz desnudito en una palangana, al baño maría, y que los concursantes le vayan clavando palillos como si fuera un pincho moruno. Verán como rompen los audímetros¨. Sería mucho más vistoso y entretenido que crucificar a un concursante que presenta un pájaro muerto y sin desplumar en un plato de concurso. Normalmente para lograr un golpe de audiencia hay que trabajarlo previamente.



En los años en los que el fútbol era el opio indispensable para mantener la ciudadanía en calma, un humorista de peso, no recuerdo si Miguel Gila o Chumy Chúmez, propuso, como solución a los problemas de España, convertirla en un gran campo de futbol, una portería en Bilbao, la otra en Tarifa, con el centro del terreno de juego, todo pintado de cal, en Madrid. Han pasado algunos años, y la fórmula tendría que revisarse. Ahora la droga no es el balón redondo, si no la cocina, el “cheferio” que lo invade todo, agotando las mentes, llevando a los telespectadores a una orgia de platos que jamás probarán, porque este es país de mortadela y de infinito número de parados, no está para trufas en tres texturas.



Pero los medios audiovisuales han descubierto el filón de la cocina ensalzando los perfiles más perversos. De aquí el aluvión de torpezas infinitas que siguen a la bobada de león come gamba. Es tan fácil engañar a los españoles, convertirlos en un hazme reír, que nos tragamos eso y mucho más. Por ejemplo, los programas infantiles emitidos en lo que en Europa es el horario porno, en los que podemos disfrutar con los críos sometidos a la perdida de sus juguetes, ya sean canelones de calabaza rellenos de frutos secos y esencias rojas, u otras maravillas al alcance de nuestros más creativos cocineros de 11 años, que ya van al plató con su libro de recetas ganadoras bajo el brazo.

León come gambas, el primero de todos los horrores.

La invasión visual y la nula calidad intelectual de estos “gran hermano” de la cocina de tropa, en la que todo vale, el grito, la prisa maldita, los lloros, la competencia deshumanizada, es decir, aquello que creo no debiera aparecer en algo tan serio y placentero como es la cocina, me lleva a un zapping delirante. Pincho la 1 de TVE y observo a Ferrán Adrià diciendo que la mejor gastronomía es el mejor pan con el mejor aceite. No, eso es pan con aceite, no gastronomía. Cambio de canal y ahí va un discurso en el que echo en falta a Belén Esteban. Si esta señora u otro fantasma del tronío se lanza a la aventura de un canal cocina, triunfará con el rabo de toro de su ex marido Jesulín y dejará cualquier pesadilla en la cocina como un sueño reparador. Vuelvo a la presentación del nuevo programa culinario y observo con terror al señor Rafael Ansón afirmando que la cocina de Adrià es algo así como una lata de conservas con algo más.  Eso no es la cocina de Adrià, sino una de sus ocurrencias para quedarse con el personal. Su recetario es, evidentemente otra cosa. Lo malo es que en este circo de las mil cocinas emitidas en falso directo, todo vale. De aquí mi propuesta de darle una vuelta al botón del gas y convertir en héroes culinarios a Belén Esteban y Paquirrín, o la Campos más un atleta maduro. Tendríamos miles de lágrimas y varios cocodrilos comiendo patatas crudas. Todo eso mientras el país busca desesperadamente la nueva hornada de chefs mediáticos, no entiendo como no vemos a la Esteban practicando su cocina.



Tendría una audiencia brutal y sus recetas de león come culo se venderían como rosquillas, muy por encima de los libros del cachondo Arguiñano. Así será, si no, al tiempo.
Como se ha puesto de moda decir ahora en los programas de despelleje, ¨hay que estar a favor de obra¨.