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CUPCAKE, UNA PALABRA ‘FASHION’ DE ORIGEN HUMILDE
Por Víctor Llacuna
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Víctor Llacuna: Víctor Llacuna: Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona. Miembro de la sociedad Culinary Historians of Boston. Ha sido colaborador de Catalunya Universitaria, Regió7, Popular 1 y Diari de Tarragona. Es Máster en Educación por la Universidad de Barcelona y Máster en Estudios Hispánicos por Boston College University. Hace trece años que vive en Boston donde ha trabajado como profesor de lengua y literatura. Coleccionista de libros sobre temas relacionados con la gastronomía y las distintas bebidas. Aficionado a asistir a conferencias y eventos sobre temas gastronómicos.


Una magdalena pija. Una magdalena con algo encima. Estos términos han sido utilizados para definir de forma despectiva qué es un cupcake. Cierto es que las formas de una y otro son similares. La cuestión no se trata de la base del producto, sino del concepto. La palabra cupcake abre un mundo de creatividad a los pasteleros, sin que su innovación sea percibida como un acto hereje contra la tradición magdalénica. Lo nuevo tiene que sonar nuevo, y la lengua de la modernidad es el inglés. El neologismo de este producto viene dado desde su país de origen, y suena de forma sofisticadamente musical. Lo cierto es que este nombre tiene un origen humilde. Alan Davidson, en The Oxford Companion to Food lo atribuye a la medida que se usaba en el siglo XIX para crear un pastel individual. El patrón de medida ‘cup’ (taza), ‘tablespoon’ (cucharada) o ‘teaspoon’ (cucharadita) es aún vigente y en Estados Unidos, por ejemplo, se usa con gran precisión. También existe la teoría de las tazas en que se ponía la masa para que el producto mantuviera su consistencia durante la cocción en el horno. Ambas teorías del origen de su nombre no tienen por qué estar en contradicción.

Según Davidson, la primera receta usando el término cupcake se publicó en 1828, En Estados Unidos.  Se trata del libro Seventy-Five Recipes for Pastry, Cakes, and Sweetmeats de Eliza Leslie. La receta reza así:
- Cinco huevos
- Dos tazas de té llenas de molasas
- Lo mismo de azúcar moreno
- Lo mismo de mantequilla.
- Una taza de leche
- Cinco tazas de harina
- Media taza de pimienta de Jamaica en polvo, y clavo de especia
- Media taza de jengibre

Sin embargo, en American Cookery (1796), considerado el primer libro de cocina publicado en Estados Unidos, Amelia Simmons ya había descrito la receta de “una tarta ligera para hornear en pequeñas tazas”. Su cocción era más rápida que la de los pasteles normales y resultaba más económico que preparar uno de tamaño mayor.

En el siglo XX la aparición de moldes permitió que los cupcakes se popularizaran en las casas, convirtiéndose en postre para niños, en algo casi obligatorio que los alumnos debían –y aún deben- regalar a sus compañeros el día de su cumpleaños. La empresa Hostess inició en 1947  la fabricación industrial de cupcakes rellenos de crema, para el consumidor infantil, pero siempre se ha conservado la idea del cupcake como alimento de proximidad entre el productor y el consumidor.
El pequeño tamaño del pastel, su dulzura y su color lo convirtió a partir de los años 90 en icono de la mujer urbana. Magnolia Bakery, en Nueva York, es quien hizo explotar el nuevo concepto de cupcake. Esta pequeña panadería –ahora pastelería-  “inventó” en 1996, por accidente, un cupcake con las sobras de los ingredientes usados para un pastel mayor. La serie de televisión Sexo en Nueva York sirvió de promoción de Magnolia Bakery. Su presencia mediática en películas y otros programas de televisión reforzaron el nuevo posicionamiento de sofisticación de sus cupcakes. La pastelería tiene un plan de expansión internacional que ha empezado Oriente Medio.

A España llegó  el cupcake con su más reciente posicionamiento de producto de tendencia. Justo cuando en España el cupcake continúa su escalada, anticipo que la nueva obsesión estadounidense por eliminar el azúcar de la dieta, y el hecho de que su popularidad haya tocado techo,  provocará una gradual disminución de su consumo en Norteamérica. El éxito del concurso de televisión  Cupcake Wars es la culminación de lo que necesariamente debería de ir de capa caída. En Estados Unidos siempre quedará el sustrato del cupcake popular. Veremos qué ocurre en los lugares en los que se ha convertido en una moda sin tradición previa. En España habrá siempre magdalenas. O quizá me equivoque y el cupcake sofisticado haya nacido para quedarse, con su nombre inglés formando parte del vocabulario coloquial.