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EL TEMATRINXAT DE MAR Y MONTAÑA, LA RECETA DE LA TAVERNA DEL CLÍNIC Y EL VINO CHIVITE COLECCIÓN 125 BLANCO.

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EL ÚLTIMO TANGO DE LA ACEITERA (Hemeroteca)
Por Antonio Vergara
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Antonio Vergara: Nacido en Valencia, lleva más de tres décadas ejerciendo la labor de periodista gastronómico, con una mirada a lo Far West. El cine y el jazz son también su telón de fondo. Sus inicios fueron en la Cartelera Turia, en 1972 y desde entonces no ha dejado de colaborar en distintas publicaciones, como La Cartelera. Publica los sábados una sección gastronómica semanal ('Menús variados') en el diario 'Las Provincias' de Valencia y los domingos una columna de opinión ('¡Salve y usted lo pase bien!) en este mismo diario". Su primer libro fue Comer en el País Valencia. Le siguieron la Guía Seat Panda, Comer en Carretera, De tapas por Valencia, La España dulce y Protagonistas de Nuestra gastronomía, editado por Editorial Prensa Valenciana S.A. Es director del Anuario de la Cocina de la Comunitat Valenciana. Detenta el Premio del Festival Cinegourland (Cine y Gastronomía),concedido por su dilatada dedicación a la gastronomía y a la crítica cinematográfica.


De un tiempo a esta parte, se podría afirmar, casi sin temor a equivocarse, que hay aceites por todas partes, como había indios comanches en 40 millas a la redonda en el western “Fort Bravo”.
Desde los tiempos prehistóricos, jamás había evolucionado tanto la cultura, el negocio (y también la moda) del aceite. Según los arqueólogos, expertos que lo encuentran todo (antes o incluso después de construir un aparcamiento para vehículos a motor), el olivo apareció en la cuenca mediterránea hace unos 3,2 millones de años. Es una cifra que trastorna más que la prima de riesgo y el déficit de las administraciones públicas de España.
Supieron del olivo al investigar restos de polen. Hallaron huesos de aceitunas en asentamientos humanos del Paleolítico (35000-8000 a.C.), cerca de Menton, en la Riviera Francesa. A la sazón, no se había inventado las aceitunas sin hueso.
No es preciso haber estudiado en Salamanca para colegir que el olivo, su fruto (la aceituna) y el zumo de éste (el aceite) representan, en conjunto, una cultura mucho más que milenaria. Algunos documentos datan que hacia la mitad del tercer milenio a.C., había excedentes de aceite en el Norte de Siria. 
Yendo al acervo popular tejido alrededor del aceite y de su capital importancia económica, social, culinaria y sentimental, son muy ilustrativos ciertos refranes y  poesías. He aquí un breve ramillete: “Olivo, vino y amigo, el mejor el más antiguo”; “Flor de olivo en mayo, aceite para el año”; “Sin tierras y olivares qué sería de las ciudades”; “Cien sastres, cien molineros, cien tejedores, hacen juntos trescientos ladrones”.
¿Y estas coplas? “Mi suegra no me quiere / porque soy aceitunera; / la semana que viene, / me meteré a costurera”. O “Del hueso de la aceituna, / tengo que hacer un tintero; / para escribirle a mi novio, / una carta con salero”. Y “De la peña sale el agua, / y del olivo el aceite; / y de mi corazón sale, / cariño para quererte”. El último tango en París, con aceite de oliva virgen extra.
Ahora, los burócratas de Bruselas de la UE van a prohibir la hispánica aceitera, de tan honda raigambre en las fondas, los hogares, los bares y la hostelería al completo. Ellos, a la mantequilla, a “El último tango en París”.