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EL TEMAMasqueta d arròs, la receta de Ca l Eulàlia, y el vino Chivite Las Fincas Rosado. Por Miquel Sen

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Javier
Por Javier de las Muelas
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Javier de las Muelas: Javier de las Muelas está considerado uno de los más prestigiosos cocktailman al nivel mundial. Se inició en el mundo de la coctelería hace 30 años creando sus Gimlets, lugares de referencia en Barcelona, como otros locales míticos de su propiedad, entre ellos Dry Martini, reconocido internacionalmente como uno de los 10 mejores bares del mundo. Creador de una nueva línea de coctelería, es colaborador del diario La Vanguardia. Desde 2002 aloja en su almacén el restaurante clandestino Speakeasy, un reservado que recoge el espíritu de aquellos locales clandestinos que surgieron en las principales ciudades norteamericanas en los tiempos de la ley seca.


Es difícil definir, por lo menos para mí, qué es un cocktail porque si cada licor, incluso los que se tengan por más humildes tiene algo mágico, capaz de transmutar personas, ambientes y reuniones, el cocktail es todavía más mágico: es hijo de la alquimia, de la capacidad creativa, y por supuesto, de la curiosidad.
El cocktail es, al fin y al cabo, la forma de beber alcohol más sofisticada y divertida de todas, y a pesar de que nuestras madres y tías nos dijeran a menudo que las mezclas son malas consejeras, la verdad es que las hay de muy buenas, aunque es necesario el sentido justo de la proporción y la perfección en la elaboración para que el cocktail sea bueno. Casi es necesaria la magia.
La palabra cocktail evoca imágenes cinematográficas de Speakeasys, bares clandestinos en tiempos de la Ley Seca, con gángsteres bien vestidos, con sombreros que les cubren y elegantes damas que les acompañan. Imágenes de lujo en grandes hoteles o locales llenos de humo en la era del jazz.
La misma palabra, cocktail, es de origen extraño e incierto. Los sabios todavía no se han puesto de acuerdo sobre su procedencia, y  al igual que nos pasa con los conjuros, con las fórmulas mágicas de los hechizos, sólo podemos decir que la palabra nos atrae con su sonoridad, con su presencia poderosa.
Hay leyendas que dicen que el nombre, que significa “cola de gallo” traducido literalmente del inglés, hace referencia al nombre de una taberna de marineros donde se servían  brebajes misteriosos y hechos de diversas combinaciones. Otros creen que el nombre proviene de Méjico, donde había una planta que se llamaba “cola de gallo” y que se añadía al vino. Otros, como Harry Craddock, legendario barman entre los años 1920-1939, del Hotel Savoy de Londres hablan, anacrónicamente, del encuentro entre oficiales norteamericanos y una princesa, quizás azteca, que preparaba combinaciones deliciosas removiéndolas con las plumas de la cola de un gallo.
También hay quién sostiene que un farmacéutico originario de Santo Domingo, llamado Antoine Peychaud, y afincado en New Orleáns, tenía por costumbre ofrecer a sus amigos, miembros de la logia masónica a la que pertenecía, una bebida preparada siguiendo una receta de su isla natal a base de amargo, cognac, especias y azúcar. Esta bebida era mezclada en una huevera (coquetier) metálica, por lo que a esta bebida, y a la forma de hacerla se la empezó a llamar así: coquetier. Luego por deformación pasó a ser cocktail y al utensilio coctelera 
Y todavía hay quien, más prosaico, opina que el nombre debía venir de los reflejos de colores de las primeras combinaciones alcohólicas... To be continued.


JAVIER DE LAS MUELAS


BRONX

Fue creado en 1.906 por Jonny Solon, barman del Bull&Bear del Hotel Warldorf Astoria de New York, en su antiguo emplazamiento donde hoy se encuentra el Empire State Building y, en honor al zoo de Bronx, no al barrio como se cree habitualmente.
Jonny tenía escrita una leyenda encima de la barra del bar que decía que quién probaba tres de su combinaciones seguidas llegaba a alucinar y veía toda suerte de animales. 
Lo oficiamos en coctelera con abundante hielo: 1/6 de zumo de naranja, 1/6 Martini rojo, 1/6 Martini extra dry y 3/6 de ginebra Bombay Sapphire. Batimos y servimos en copa de cocktail decorándolo con una guinda roja.
Y… por favor acompáñenlo con música de Cole Porter. Ya me dirán.

JAVIER DE LAS MUELAS