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EL TEMAMACARRONES RELLENOS DE CARRILLERAS, LA RECETA DE LA XARXA, Y EL VINO FINCA GARBET DE PERELADA. POR MIQUEL SEN

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El chef Jordi Barba ha abierto su restaurante Mon en un momento difícil para la emancipación de un cocinero. No obstante, tiene armas más que suficientes para imponerse a la crisis. Una de ellas es el resultado de su larga y buena formación, la Escola D’Hostaleria de Girona, el Celler de Can Roca,  el Racó de Can Fabes, para acabar digiriendo durante largos años el restaurante  de Barcelona Acontraluz.
En un espacio dividido en dos niveles, pequeño, manejable para un equipo reducido, Jordi Barba plantea una carta corta, rica en sabores y económica. En conjunto es una baza seria cuando se piensa en comer bien a un precio muy ajustado. Así, mi primer contacto con este novísimo establecimiento ha sido, tras unas aceitunas arbequinas espléndidamente amargas y dos panes, uno de chapata, el otro de aceitunas y beicon,  una tapa a base de un boquerón, con tomate confitado y tomillo, pura esencia mediterránea.

Seguidamente me han servido  un rollo de salmón, un canelón que cubre un puré de berenjenas con una agradable toque ahumado, de escalibada. El aroma de leña esta muy matizado y la ración proporcionada, porque estos ingredientes, en mayor cantidad, podrían ser excesivos, llegando a cansar. Un buen rollo que a veces figurar en el económico menú diario.

Otro plato acertado es la terrina tibia de cap i pota y butifarra con escarola, ajustada en todas sus dimensiones, incluido el cordón de salsa de pimiento dulce, presente, pero sin distorsionar lo mas mínimo la ligera salsa a la manera de toda la vida. La mostaza, la pequeña guarnición de escarola y el toque tibio del cap i pota son la marca de un cocinero cuidadoso. Cuesta 11 euros. 

Tras esta buena sorpresa he probado otro plato bien concebido, unos salmonetes con romesco de erizos, algas salteadas, es decir, lechuga de mar, un ingrediente cuyo único problema consiste en que siempre tiene un granito de arena chirriante y arroz envuelto en un alga nori, a la japonesa. A destacar los puntos de sal y acidez, más el aporte del romesco al pescado. No es un plato de improvisación, si no de un chef con buen paladar. Llegado este punto de la degustación, el comensal apreciará la mesura con la que el chef puntualiza sus platos, utilizando, cuando la receta lo requiere, pequeñas proporciones de sardinas “arengadas” e incluso datiles, como se descubre a lo largo del menú degustación.


Asimismo la buena escuela se aprecia en el cordero con aromas, en el que el concepto coca de recapte se introduce en el abanico de gustos. De entrada nos encontramos el de la coca de recapte, presentada en quenelle, sorprende, luego agrada. Mucho, porque la suma de sabores es un ejercicio virtuoso que nos lleva por los paisajes de la memoria del gusto, viajando desde almuerzos al aire libre, con la típica clotxa, más unas costillas de cordero, de la Terra Alta a paladares evocadores de la Catalunya interior. En este caso el cordero, perfectamente meloso, resulta otro acierto.

 El vino, un tinto Castell del Remei Gotim Bru 2007, coupage en el que se aprecia el perfil de la variedad merlot,  cuadra perfectamente con el plato anterior, los salmonetes y el cordero más sus aromas. Lo he elegido dentro de una carta de vinos corta, como corresponde a un restaurante que esta en sus primeros seis meses, pero que debiera plantear otros vinos que, siendo económicos y buenos, como el  Perro Verde, o el Gran Feudo, permitieran una aventura enológica más amplia y sorprendente
.
La carta de postres, económica al extremo de que el más caro cuesta 7 euros,  da fe del aprendizaje de Jordi Barba en establecimientos en los que se trabaja con precisión el mundo dulce, desde el desaparecido Jean Luc Figueras, dónde el chef de Mon fue segundo de cocina, hasta la conocida pastelería Escribà.  La sopa merengada de leche de soja, con el contraste de un brownie,  quizás más adecuada para días de calor veraniego,  queda por debajo de la mousse de coco con sorbete de lichis. Un postre marcado a 6 euros. Antes de los cafés sirven unas muy buenas mignardises, sobre todo una pequeña financière, contrapunto a una nube de fresa y una roca de chocolate. Los aficionados a las infusiones disponen de un surtido de tés de calidad, bien elegidos. El servicio, profesional y atento, realza el interés de un restaurante que hay que conocer.

Miquel Sen

Abril 2010

Calle Provença 93
Tel: 93 410 64 54
Menú mediodía: 14.90 euros
A la carta 40 euros
Horarios:
De 13h30 a 15h30 de martes a jueves
Noches: de 21h a 23
Noche de viernes a sábado desde las 21h a 23h30
Día de cierre: Domingo y lunes
Web: http://www.monrestaurant.cat