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Reina Cristina, 6 · Barcelona · Telf. (+34) 93 268 70 33

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Elisabets, 9 Barcelona · Barcelona · Telf. 933040513

Desde que abrió sus puertas el MCBA y la filmoteca de Catalunya, el barrio del  Raval inició un despegue que ha llevado hasta sus calles, que antes eran un gueto, a un amplio numero de paseantes, de ravaleantes. Muy dentro de este concepto de recuperación de espacios, entre respetuoso e irónico con el aire años cincuenta de la barra de entrada, provocador con las cortinas a base de cadenillas   de colores, Dos Palillos reinterpreta la estética del barrio, convocando a un público culto a comer según un nuevo concepto a base de tapas orientales. Albert Raurich, uno de los cocineros que más años ha pasado en las cocinas de El Bulli y su esposa Tamae Imachi, a su vez ex somelier del restaurante de Cala Montjoi, han definido su establecimiento a partir de dos barras claramente diferenciadas. En la primera, la más kitsch, se sirven las tapas y en la segunda, separada de la primera, la carta y los menús degustación, siempre en pequeñas raciones, divididas en snacks, frío, frito, vapor, plancha, wok, parrilla y postre. Mediante estas técnicas establecen una suma de mini raciones, inspiradas en la cocina japonesa, con apuntes sabrosos de los recetarios chinos y tailandeses. No se trata de una cocina fusión hispano oriental, si no una apuesta por el concepto de tapa, gracias a una inmersión en la cocina asiática. Evidentemente este concepto se desarrolla con productos comprados en el próximo mercado de la Boqueria. No hay mestizaje, si no adecuación del producto fresco, entre otros, el cerdo ibérico. Si en Cantón dispusieran de secretos y presas ibéricas seguro que también las utilizarían. La presencia en la cocina del chef Takeshi, un japonés de Osaka contribuye a mantener el ritmo y el rigor culinario.
En mi visita a Dos Palillos he comenzado con un won ton de pasta muy fina, en la que se oculta una mezcla de carne de cerdo y verdura. El relleno se potencia con  salsa agridulce, servida a parte, muy matizada. El plato siguiente, el anko no kimo, el hígado de rape al que la cocina japonesa da un alto valor, un bocado que en la española desapareció con la pérdida de la cocina tradicional, plantea un tacto suave, propiciado por la cocción al vapor, tras una maceración en sake. Todo un  contraste con las algas y la salsa ponzu. Sobre la utilización del hígado de rape en la cocina catalana, hay que recordar y saber con causa de la recetas que preparaba el chef Luís Albajar, en el desaparecido restaurante barcelonés Aracata. No los fría, según métodos clásicos, si no que los preparaba en terrina como un foie micuit. Era una novedad a la que rendía culto en compañía de Manuel Vázquez Montalbán.
El ravioli de langostino, un  dumpling de finísima pasta, hecha a base de fécula de patata,  cocinado con cebolla tierna japonesa, col patchoi y,  me pareció detectar un sabor de panceta, tiene una agradable sedosidad. Es uno de los puntos álgidos del banquete. La salsa de soja con jengibre le da un punto de frescor muy agradable. El temaki de “toro” de atún con alga nori se presenta sin enrollar. Es un trabajo manual, es decir, un temaki que debe hacer el comensal. Una buena manera de apreciar primeramente el tacto del alga nori, seguidamente el sabor del alga más el del atún y de regular el volumen del bocado: he optado por poco arroz y más atún. El wok de calamar no estaba tan logrado. A pesar las filigranas, de las hebras de guindilla, de las mini mazorcas de maíz que recuerdan visualmente trabajo de cuchillo realizado sobre el calamar, no acabo de convencerme, probablemente por la textura del calamar. Si me convenció la papada de cerdo ibérico a la cantonesa, tiene una textura exquisita. Una delicia. Como había hambre y curiosidad he pedido una gyoza, una empanadilla de carne,  cocinada a la plancha, de tacto exterior crujiente. El  postre fue los ninyo yaki de chocolate con jengibre, unos buñuelos con corazón de chocolate líquido cubiertos por una nevada de jengibre,  muy buenos. Tras el dulce he pedido  una copa de sake tibio, de la larga carta de sakes. Quizás estaba algo subido de temperatura, lo que siempre disminuye el retrogusto, la sensación olfativa que los japoneses llaman modori-ka. El servicio es eficiente y la carta de vinos equilibrada, sugerente. Me han aconsejado un vino blanco de buena acidez elaborado con Macabeo, fermentado en barrica.. Es el Agaliu, elaborado en Lleida. en tierras de Vallbona de les Monges por la cooperativa L’Olivera. De esta bodega conozco el Blanc de Sère, que me merece tanto respeto como las actividades que realiza esta cooperativa que busca la inserción la laboral de personas con discapacidades.
La carta de tés, extensa y completa es obra personal de Tamae Imachi.

Miquel Sen Septiembre 2009

Elisabets, 9 Barcelona
Tel:  933040513
Horarios:
Martes y Miércoles de 19:30 a 23:30. De Jueves a Sábado de 13 a 15:30 y de 19:30 a 23:30.
Cerrado domingo y lunes, martes y miércoles al mediodía
Precio medio en la barra de tapas 25-30 euros

Precio menú mediodía: 20 euros
Precio en la barra asiatica:  menú largo 65 euros, menú corto 50 euros más bebida.

Web:

http://www.dospalillos.com/