ACTUALIDAD
QUIEN ES MIQUEL SEN
EDITORIAL
CRÓNICAS
NOTICIAS
LOS TEMAS
ANÁLISIS
RESTAURANTES
BUENAS OPCIONES
VINOS Y RESTAURANTES
LUGARES CONCRETOS
BODEGA
PRODUCTOS
RECETAS
RECETAS HEREDADAS
Y ADEMÁS
LINKS DE INTERÉS
ARTÍCULOS EN CATALÁN
CONTACTO
PORTADA









EL TEMATORTILLA DE KOKOTXAS DE BACALAO, LA RECETA DE HADDOCK Y EL VINO NOMÉS GARNATXA BLANCA 2018

Miquel Sen en LinkedIn

Siguenos en TwitterFacebook


Share
Menéa esta página

Restaurante recomendado

La Falda del Montseny: el último Mohicano

Carretera de San Celoni a Santa fe, KM 5’3. · 08470 Campins · Telf. 938 47 50 54

FAT BARBIES: JUGAR CON FUEGO [ Ir a RESTAURANTES ] [ Volver ]
 

Twitter

Facebook


Bailén, 83 · Barcelona

POR INÉS BUTRÓN

Todos hemos visto películas americanas que acaban con una gran barbacoa en el jardín del anfitrión y, casi todos, hemos ido a barbacoas en la vida real de las que hemos salido por patas... o a cuatro patas. Y es que, por estos lares, lo que más nos gusta poner en el fuego es un buen manojo de calçots, mucha panceta y butifarras que acaban pasándose de cocción. Si el allioli o la salsa romesco no es industrial, ya nos damos con un canto en los dientes. Eso sí, todo lo arregla un buen porrón que pasa de mano en mano como la “Gran pipa de la paz” y que, al final, todo lo pone, como el tiempo, en su sitio: in vino veritas.



Y es que por más que el dominio del fuego, el asado al aire libre o la carne chisporreante sea muy ancestral, arrastre tras de sí toda esa aureola de vigor y masculinidad de nuestros primeros pasos en la tierra como omnívoros sibaritas  –no hay más que pensar en la lista de grandes asados de la gastronomía mundial, desde el de la Pampa argentina al más genuino de los asadores vascos-, saber preparar un buen banquete casi con la exclusiva ayuda de unas brasas de leña es tan difícil como querer quitarle el puesto a un valenciano en el podium de las paellas de huerta.


De ahí que un día nos enteramos de que en Barcelona habían abierto un lugar que rinde homenaje a las barbacoas y nos apetecía saborear unas cuántas costillas ahumadas con su salsa ad hoc, unas verduras bien tiernas, los ya clásicos bocadillos de pulled pork o carne de cerdo deshilachada y ultratierna al modo USA que hacen furor entre los foodies de cualquier urbe del orbe, alguna ensalada con productos de invierno y su toque de fermentados caseros- imprescindibles en cualquier carta que se precie- y, tal vez, alguna tarta de manzana, arándanos, peras, grosellas o todas esas frutas de bosque que tan bien dominan en el arte de la repostería anglosajona. Incluso, algunas veces, el comensal puede pedir un s’more, o ese tipo de golosina que los jovenzuelos de las películas americanas ponen en sus fogatas de campo, en medio de una noche estrellada con lago de fondo, consistente en unas galletitas rellenas de esa chuche que en spanish language llamamos nube.


Con todo ello, nuestro imaginario estaba al completo, nuestro paladar empezaba a salivar,  nuestro olfato nos decía que habíamos llegado al lugar concreto sin necesidad de GPS: huele a leña y humo desde la otra punta de la calle, hay gente esperando y al entrar todo es madera: en el suelo, en las mesas amplias para compartir, largos taburetes, ladrillo visto y tatuajes con estilo. 


Para empezar echamos un vistazo a las sugerencias del chef, Juan Martini (junto con su hermano, estos venezolanos están al frente de este proyecto que está posicionándose bien en la Ciudad Condal) y nos tiramos de cabeza a ellas.


El boniato con mantequilla de castañas y cacao fue todo un acierto. Si mal no recuerdo se le añadió un poco de queso fresco, tipo ricotta, y un toque de chile- al estilo de un mole clásico- lo que lo engrandeció aún más. Para mi acompañante cebollas asadas frescas asadas con cerveza negra y canónigos y cazuelita de provoleta con chimichurri, un poco de amargos y frescos canónigos y sus tortillitas para ir rebañando esos hilos de queso fundente que se estiraban cazuela arriba, cazuela abajo.





Lujos que se puede uno permitir en lugares como este donde nadie le va a reprochar mancharse los dedos, entretenerse recogiendo de la barbilla hasta el último  gramito de queso.... Creo que empezamos muy bien. Supera mis expectativas con cosas simples muy bien trabajadas. Para aclarar el gaznate, un vino de la Terra Alta, pero lo más ortodoxo es una buena cerveza artesana o una limonada casera.



Seguimos con unas costillas ahumadas de la casa, salsa barbacoa, canónigos y una buena cebolla encurtida, para darle un toquecito ácido, refrescante y un sutil picorcillo. Absolutamente recomendables, ahumadas, deseables, tiernas, extrasabrosas. Se nota dominio del tema “ahumados” in situ – entramos en la cocina y lo comprobamos-  por parte de este chef que estuvo en tierras australianas, primero, y después en Gresca. Todo cuanto se come en este local, excepto el pan, que es del horno sant Josep, es de factura propia. Pequeños grandes detalles.


Una servidora se metió entre pecho y espalda una “locura del chef” de ese día: un bocata de carne de ternera deshilachada bañada en queso suizo hasta la obscenidad. Para comer en tres bocados y no echar de menos la mejor de las salchichas alemanas. Para finalizar, pastel de manzana con sus buenos trozos de fruta, capas de crumbel y nata agria. Casera y auténtica, con un intenso sabor a fruta y canela.  Buen broche final para esta barbacoa de ciudad. Seguiremos sus señales...de humo.



Fat Barbies
Bailén, 83
Barcelona
Precio medio: 25 euros