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Carrer Mestre Rossell 8 · 08348 Cabrils Barcelona · Telf. 937 53 19 02

POR INÉS BUTRÓN. 

Cada vez que piso este comedor me siento en casa. No pocos lugares se merecen este meritorio reconocimiento por parte de un cliente. Y es que este fue el primer restaurante en el que me senté sola por primera vez a comer después de impartir mis primeras clases en la pequeña escuela de Cabrils, aquel pequeño pueblo del Maresme. Debió ser el padre de Artur, seguramente, el que me explicó cómo preparar aquella auténtica sopa de pescadores en una especie de entrevista improvisada donde, quién sabe, ya apuntaba maneras, no sé si de cronista o de cocinillas impertinente, así que siento una cierta ternura hacia este treintañero que hoy nos atiende con su habitual cordialidad y buen gusto. Su casa, pues, tiene algo de mí, y mi cocina le debe a este Maresme y a este hostal una buena porción de lo que soy hoy. Y al igual que yo, siempre en movimiento, esta vez me encuentro con algunos cambios en la carta y en la tiendecita donde venden los productos que se cultivan en las cercanías. Un pequeño colmado donde vuelven con fuerza los productos locales, la base de esta carta que se anuncia, casi con orgullo revolucionario, como una “nueva tradición”. 



El Hostal, con su maravilloso recibidor y su comedor principal acristalado con vistas al horizonte azul, no ha perdido su esencia. 



En cada rincón uno puede encontrar pequeñas estancias que hacen las veces de comedores privados, recuerdos de una familia que le debe su carácter restaurador a la abuela Doloretes que tuvo el coraje de abrir una cocina para los que por allí pasaban camino de Barcelona o Mataró, cargados de víveres, aquellos que necesitaban su tiempo de asueto y un buen plato para recomponerse y seguir su camino. De ella conservo, escrita de su paño y letra en un paño de cocina, su receta del pato con peras que sus herederos cocinan de vez en cuando y yo intento imitarla lo mejor que puedo.  Desde entonces el Hostal, siempre pegadito a la iglesia y a su plaza, ha visto cambiar a la sociedad de su entorno, al paisaje que pasó de campesino a terreno urbanizable, de la lejanía de la urbe a la cercanía de un turista que busca un hotel con encanto y un restaurante donde la hospitalidad prime por encima de todo. 



Tras esa primera sopa de pescado de roca con pan (¡elemento indispensable!  El pan ha de empaparse de caldo) y una buena picada que incluya el hígado del rape, ha habido grandes hitos en mis varias visitas al local de Artur y familia. 



En otoño, salteados de setas con huevos a baja temperatura, todo tersura, sin perder ni la forma, la textura ni el aroma; en verano, arroces con espardenyes que llegaban humeantes a sentarse con nosotros junto a la ventana; en invierno, unos raviolis de pasta fresca - a veces cambian su formato por el de canelones- rellenos de verduras bien confitadas, hasta dejarlas como una mermelada,  piñones y pesto, un plato que nunca desaparece a petición del respetable que lo ha convertido en  un clásico en la casa porque todo el mundo quiere probarlos, 








Los pequeños entrantes, como los chupitos de gazpacho con fresas en plena temporada, o las tostaditas de pisto y bacalao perfectos en su desalado demuestra que son capaces de cocinar al ritmo de las estaciones, con afán de perfección, pero sin perder el norte, con ganas de innovar, pero manteniendo las raíces. 





Nada que no sea reconocible, que peque de chirriante, suele hallar un lugar en este Hostal. Todo, sin embargo, debe estar perfectamente ejecutado antes de llegar a su mesa, por lo que sorprende al comensal que nunca ha pisado antes estas tierras de pinares y viñedos. Desde el pulpo a la parrilla con parmentier, que podría ser el platillo más común y menos llamativo de la carta por el uso y abuso de este cefalópodo, a las ensaladas de tomate o las sardinas ahumadas con cremoso de queso y frutos secos, todo se sirve en el plato con la delicadeza que se recoge una primera fresa, un guisante de lágrima o una gamba roja de Arenys. 



Es el sello de la casa: pureza y sabor. Uno de los mejores ejemplos sería la cigala en un jugo traslúcido de carne que recuerda al clásico pollo con cigalas, pero ejecutado de forma que, sin perder su concentrado y personalísimo sabor, pueda servirse en la más sofisticada de las mesas.



En el apartado dulce me decanto por el pastel de queso, aunque me dejo aconsejar por Artur que siempre me convence para que pruebe algún nuevo helado o una mousse, sobre todo si lleva piña o mango.



Cuando lo deja en la mesa, me mira con una sonrisa azul y picarona, me llena de nuevo la copa y deja que sigamos con lo nuestro, es decir, aquello que empezamos hace ya más de 30 años en un rincón del Maresme.... 



Hostal de la Plaça
Carrer Mestre Rossell 8
08348 Cabrils
Barcelona

Precio medio: 50 euros más vino 

Consultar menú diario

Pedido online: https://www.hostaldecabrils.com/compra-online/