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Jean Pierre Coffe, un crítico valiente [ Ir a EDITORIAL ] [ Volver ]
 

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Dicen los filósofos que el tiempo es la velocidad de la materia. Un río por el que circula nuestra vida con un ritmo muy variable. A veces parece posible regresar por este caudal hacia imágenes que desearíamos recuperar. En otros casos la realidad nos demuestra la imposibilidad de detener el tiempo en nuestra memoria.
La muerte del crítico culinario Jean Pierre Coffe me lleva a un ejercicio en el que recuerdo sus primeros pasos  en el Canal Plus francés, en la radio RTF más sus divertidas charlas dominicales a lo largo del programa de televisión “Vivement le Dimanche”, dónde Coffe ejercía de crítico gastronómico indomable. Era un personaje intransigente ante la miseria culinaria, un pistolero peligroso frente a los cocineros full, preocupados por la técnica y olvidadizos de la materia prima. En su juventud, cuando tenía un restaurante en Paris,  fue capaz de negarse a servir una hamburguesa al presidente de Estados Unidos Jimmy Carter. No transigió ante las multinacionales, llamó mierda a la mayoría de foie gras industrial y llego al ataque de ira ante las falsificaciones de lo que aun llamamos aves de corral. Su mayor preocupación consistía en que comiéramos bien en casa, buscando el tiempo necesario para cocinar, sin caer en la tentación de la hamburguesa pura carne de caballo rumano renqueante.
El río de recuerdos en que me muevo me lleva a pensar que en España un periodista así era y es imposible. Faltos de libertad de expresión, hemos dado por bueno verdades que son mentiras. Coffe tuvo la suerte de ejercer su profesión en un país libre, en el que junto a miserias del orden MasterChef, se pueden ver y escuchar espacios gastronómicos en los que se sueltan verdades como puños, se investiga a fondo y se entra en la trastienda de la gastronomía por la puerta cerrada de la trampa culinaria. Son reportajes que nunca me perdía, a la espera de lo imposible, es decir, ver algo semejante en las televisiones de nuestro país, una península que no me canso de decir descubrieron los marcianos un día que andaban cazando conejos por el espacio, inhóspita tierra  dónde triunfan las academias gastronómicas plagadas de fantasmas, hábiles en el manejo de cuentas de origen desconocido y se imponen los cocineros que hemos llamado mediáticos.  Ninguno de ellos, ni sus amos, ni los amos de las cadenas darían continuidad a un crítico como Coffe, capaz de enrabiarse frente a unas salchichas que todos daban por buenas. Cogió el plato de monstruosidades y lo estrelló contra el suelo. A la semana siguiente mantenía su programa y los sabios que habían presentado las últimas maravillas  de la cocina estética industrial a preparar en cinco minutos  estaban con el rabo entre las piernas.
Gracias Coffe por los buenos ratos que me hiciste pasar, por el consejo de comprar siempre la pasta de hojaldre en la pastelería y por hacerme creer que se puede decir la verdad, aunque ello implique nadar río arriba contra la corriente del tiempo.
Miquel Sen
Abril 2016